Rafael Giraldo, investigador del CSIC, advierte sobre la resistencia a los antibióticos y las bacterias que destruyen cultivos

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Santander, 31 de agosto de 2021-. Resistencia  a los antibióticos y destrucción de cultivos, dos de las mayores amenazas a la salud global de los próximos años. Así las define Rafael Giraldo, investigador del departamento de Biotecnología Microbiana en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), quien asegura que la sociedad civil tendrá que organizarse para que se combatan. “Los ciudadanos debemos exigir a nuestros gestores y empresas que den una solución”, señala.

El microbiólogo, que codirige junto a Germán Rivas la VII Escuela de Biología Sintética Integrativa, señala que los científicos llevan años advirtiendo que una situación como la vivida con la pandemia de la covid-19 era una amenaza plausible, debido a la amenaza de la zoonosis (mayor contacto de animales con las personas), unido a la globalización y los grandes movimientos de población.

En este sentido, Giraldo opina que la pandemia podría causar una mayor concienciación en la población, pero advierte de que se podría producir “el efecto contrario”.

De este modo, el investigador pone la vista en la última gran pandemia, la gripe de 1918, tras la cual, el mundo respondió, “con los locos años veinte, divirtiéndose y olvidándose del problema”. “No siempre una desgracia como la pandemia actual conlleva mayor prevención, a veces causa una mayor relajación”, opina.

Así, el científico asegura que para que se escuche en la ciencia cuando define los principales problemas de salud global, la ciudadanía debe jugar un papel clave.

La resistencia a los antibióticos

Para el científico, la resistencia de las bacterias a los antibióticos es un proceso “natural” que manifiesta la “evolución en acción”. “Hemos presionado a las bacterias con agentes químicos y ellas responden adaptándose y volviéndose cada vez más sensibles a ellos”, asegura.

Giraldo denuncia un “uso masivo” de los antibióticos como una de las principales causas de este fenómeno, a pesar de las limitaciones a su recetamiento . “Se ha usado para combatir procesos virales, en los que no tienen eficacia”, apunta.

Una problemática que “ya causa muertes”, pero que puede suponer un auténtico problema para la salud pública en unos años. El investigador cita algunas cifras, que auguran que para 2050, la resistencia a los antibióticos supondrán solo en Europa alrededor de 10 millones de fallecimientos al año, el doble de los decesos por covid-19 en todo el mundo.

A pesar de ello, el investigador descarta que haya que dejar de usar antibióticos, a los que define como “balas moleculares mágicas” y apunta por una restricción de su uso no justificado, unida a una “mayor investigación en moléculas básicas”.

Por ello, Giraldo considera “difícil encontrar algo radicalmente nuevo” a los antibióticos, aunque considera que existen alternativas dentro de la investigación. “Hemos agotado una buena parte de las moléculas químicamente distintas”, aunque matiza que puede haber soluciones biológicas. “Tenemos que aprender de la naturaleza para subvertir ese mecanismo natural de diálogo y competición”, afirma.

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La Xylella fastidiosa

El científico forma parte de una plataforma coordinada por el CSIC para tratar de buscar una solución, que de momento no existe, para controlar la transmisión de la bacteria Xylella fastidiosa, un problema para la salud y economía global. “Ya es una pandemia global que está devastando todos los continentes”, afirma Giraldo.

La Xylella fastidiosa es una bacteria que se transmite mediante un vector, una chinche específica que porta el patógeno. Giraldo explica que cuando la chinche se alimenta de la planta, transmite el parásito, “que prolifera y se divide” dentro del ser vivo.

“Son como las placas que obstruyen los vasos en el colesterol”, explica el científico, quien añade que la consecuencia es que la planta se seca. “Da igual cuánto la riegues o llueva”, añade.

Esta bacteria está afectando actualmente a plantas con raíces leñosas, según explica el científico. “Ha destrozado poblaciones de olivos centenarios en el sur de Italia”, señala, advirtiendo de que especies como los almendros, la vid frutales y cítricos están amenazados.

Como consecuencia de ello, el impacto económico por la desaparición de cultivos es de una gran magnitud. “Para un país como España, eminentemente agrícola, esto debería ser un problema de primer orden”, asegura.

A pesar de desde el lado de la prevención, mediante el uso de pesticidas para evitar que las chinches ataquen las plantas y desde el lado de la investigación, estudiando el comportamiento de la bacteria para saber cómo combatirla.

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