Archivo de 26 Julio 2007

Discurso del rector Salvador Ordóñez en la inauguración de la IX Bienal de Arquitectura y Urbanismo 2007

Sr Presidente de Cantabria.
Sra Ministra de la Vivienda
Sra Alcaldesa de Comillas
Sr Presidente de la Federación de Española de Municipios y Provincias.
Sr. Presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España
Autoridades
Sras y Sres.
 

Agradecimientos
• Ministerio de la Vivienda
• Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE)
• Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria (COACAN)
• Federación Española de Municipios y Provincias

Por invitarnos a participar en esta IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, correspondiente al bienio 2005-2006.
 
La primera edición de esta Bienal tuvo lugar en el año 1990, con el objeto de divulgar y difundir la arquitectura española en el ámbito nacional e internacional a través de una selección de las obras de arquitectura más representativas ejecutadas en el último bienio y que quedan recogidas en una exposición itinerante y un catálogo.
 
La UIMP se adhiere a la organización mediante CONVENIO firmado en marzo 1991, desde entonces nuestra Universidad promueve y co-organiza la Bienal y además programa diversas actividades académicas y culturales que dan proyección a la misma.

El Código del Rey Sabio, en su Segunda Partida, título 31, ley 2, define la universidad con fino acierto como «…. Ayuntamiento de maestros et de escolares que es fecho en algún logar con voluntad et con entendimiento de aprender los saberes». 
Y continua el Rey Sabio, “La ciudad donde se deba construir una universidad debe estar en algún lugar «de buen aire et de fermosas salidas  para que los maestros que muestran los saberes et los escolares que los aprenden vivan sanos, et en él puedan folgar et recibir placer a la tarde cuando se levantaren cansados del estudio».

En la “sociedad del conocimiento”, la universidad debe salir a la calle, y por lo tanto “el buen aire y las fermosas salidas deben de extenderse a la ciudad…”.

Esto mismo debió pensar el Marqués de Comillas, cuando encargó el proyecto de la Universidad Pontificia, a Joan Martorell, en esta bella villa de Comillas. 

Por todo ello, nuestra Universidad  da cobertura académica al VIII Taller de Arquitectura "Playa de vías", diseñado y dirigido por el Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria.

Un maravilloso Taller, en el que la palabra “Playa” y la palabra “Vias” adquieren dobles sentidos sugerentes y retadores. La gestión innovadora de espacios de antiguas plataformas ferroviarias, situadas en áreas urbanas densamente pobladas, cuando no degradadas, y a veces con sabor a “barrio de la estación”, en los que la arquitectura consigue transformar en “nuevos espacios urbanos” de convivencia, y nos descubre el desarrollo de ideas arquitectónicas atrevidas, desafiantes y creativas.

Esta son las actividades que a los que tenemos la misión de dirigir la UIMP nos estimulan, y para las que siempre estamos abiertos.

Otra actividad de la IXª Bienal, es el seminario que está teniendo lugar en el Palacio de la Magdalena:"Otras maneras de hacer ciudad: alternativas a la globalización", dirigido por Zaida Muxí (23-27 julio 2007).

En este Seminario, se trata de repensar sobre el concepto de ciudad, en el que “… lo urbano y el medio ambiente… son vistos como una matriz indivisible donde los humanos y los procesos naturales interactúan…”. Se plantea la visión arquitectónica desde la perspectiva de género, opuesta a la idea de “… para los hombres la calle… para las mujeres un interior controlado…”.

Y junto a ello, este Seminario nos hacer reflexionar sobre una nueva visión sociológica y de los derechos de la persona: junto a los derechos básicos de los ciudadanos, como son el derecho a la libertad, al trabajo, a la justicia, a la salud, a la vivienda o a la educación, debería de contarse el derecho a la ciudad. Así lo resume en un sugerente texto Henri Lefevre, apuntado por Oriol Nel.

Es decir, algo tan trascendente hoy en día como es la reflexión sobre  el derecho de los ciudadanos a disfrutar de espacios públicos multiusos, que ha de estar pensados para favorecer la convivencia, y  con los “equipamientos públicos” necesarios para el desarrollo y promoción individual y para la integración y cohesión cultural y social…

Ideas bastante alejadas de la concepción del urbanismo tardo-racionalista donde los ejes del urbanismo lo constituyen: autopistas, centros terciarios, centros comerciales y de ocio, barrios cerrados y selectivos,… que conducen a una sociedad no cohesionada, desestructurada, conflictiva, con individuos y barrios marginales, sin lugar para la utopía y para los valores.  
 
Por otra parte, en esta nueva Edición de la Bienal se introduce un cambio con respecto a anteriores: la incorporación de nuevos premios dirigidos a integrar la disciplina del urbanismo a través del reconocimiento de la calidad de la vivienda residencial dirigida al fomento y la reflexión de la investigación contemporánea sobre la calidad de vida, la sostenibilidad y la mejora cualitativa de los entornos urbanos.

Y ahora quisiera reseñar unas pinceladas sobre los premios:
El premio es un estímulo por la obra bien hecha.  Y la obra bien hecha es aquella que está de acuerdo con los cánones culturales de cada momento. Es más, se premia, no sólo criterios estéticos, sino lo que es más importante si cabe, posiciones éticas o deontológicas.
En este caso, las convocatorias del premio, han ido evolucionando conceptualmente:
• “Premio al Proyecto”, al “purismo estético”. El purismo estético cuyo origen está en  propio origen de la Arquitectura Académica, vinculado a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, creada en el reinado de Felipe V, en el año 1744. Largos años y no pocas contradicciones y debates han dado pie a que el informe Kenneth Frampton , dice: La formación de arquitectos en España tal vez sea hoy día la mejor del mundo y mientras que esto obedece en parte a la forma en la que está organizada aquí la profesión y al extraordinario fomento de clientes españoles, también se debe con seguridad a la categoría de la enseñanza de la arquitectura en España…
• “Premio de Arquitectura Joven”, que refleja la preocupación por incorporar a los jóvenes creadores. Personalmente tengo la fortuna de conocer el edificio premiado, el “gran cubo acristalado”, conteniendo todo un sistema de  prismas que se entrecruzan en el vacío… El futuro del Arte de la Arquitectura, está en este premio…
Pero me gustaría referirme a los otros Premios:
• Premio a la “Vivienda Colectiva”, obra que a veces se considera menor, y que en mi opinión, es fundamentalmente “obra humana”, porque es el espacio en el que nos relacionamos con nuestros vecinos, porque  es el espacio donde se desarrolla la convivencia familiar, es donde se desarrolla fundamentalmente la dimensión social y humana del individuo: su socialización, su formación, su solidaridad y sensibilidad social, su conducta,…  sus aspiraciones, su futuro… Yo la definiría como el  espacio en el que se incuba el ser humano adulto… su personalidad, y su felicidad.

• Para acabar, únicamente señalar, que la “Mención especial de Municipios y Espacios de igualdad” está en la línea de lo que he señalado anteriormente, es decir un urbanismo desde la perspectiva de género,  del derecho de las personas a “espacios públicos para la convivencia”.
Desde esta Comillas… que es más que un capricho; a la sombra, de este Palacio de Sobrellano, con la visión sobrecogedora de los Picos de Europa, y sobre este Mar Cantábrico, os agradezco de nuevo la deferencia con la UIMP, a la  vez que os ofrezco el compromiso leal para futuras colaboraciones.

Muchas gracias.

Juan Luis Cebrián. Laudatio del Presidente Belisario Betancur: El caminante heterodoxo

Al fin y al cabo todo es muerte
menos la muerte.

Estos dos primeros versos del libro Poemas del Caminante, de Belisario Betancur, me vinieron a las mientes cuando hace apenas unos días le vi depositar, emocionado, una rosa blanca sobre la tumba de nuestro llorado amigo Jesús de Polanco. Estoy seguro que no le importará a nuestro premiado de hoy, a nuestro anfitrión el Rector de la Universidad, a las autoridades y prestigiosos invitados aquí presentes, que comience mi laudatio académica recordando a alguien tan unido a esta tierra, a esta universidad, al propio Belisario y al galardón que hoy recibe, como Jesús. Él mismo me confesó la semana pasada, un día antes de morir, cuánto le hubiera gustado estar aquí presente y me rogó, en el tono entre paternal y cómplice con que solía dirigirse a mí, que me esmerara en la faena que ahora emprendo. La mano de Belisario empuñando una flor, probablemente acarreada hacía escasas horas desde la Sabana que circunda Santa Fe de Bogotá, cimbreante sobre la tumba del amigo antes de hundirse en el abismo infinito, me trajo a la memoria esa ambigua declaración de escepticismo con que inauguraba su ingreso en el parnaso: "al fin y al cabo, todo es muerte menos la muerte".

Hoy vengo sin embargo aquí, querido Belisario, a debatir contigo sobre la vida, sobre tu propia vida, que desmiente el anterior adagio. Pues bien puedes presumir, como poeta que eres, de haberla vivido intensamente, de haber vivido las muchas buenas vidas que integran tu biografía de político, de escritor, de historiador y hombre de leyes, de activista internacional, de mecenas de la cultura. Vengo a hablar de uno más de los muchos colombianos universales que pueblan hoy el planeta de las artes, capaz de integrar sin aparente esfuerzo la estética y la ética en todas cuantas manifestaciones se ha producido, quizás porque sabe que todo amante de la verdad es, antes que nada y sobre todo, un perseguidor de la belleza. La belleza persigue a los colombianos como un hado benéfico hasta el punto que las rosas blancas, las coloradas también, querido presidente, están en el origen de la propia independencia de Colombia, sobre cuya historia muy pocos españoles conocen que comenzó por un pleito en torno a un jarrón de flores.

Siglo y medio antes de que en Portugal surgiera la revolución de los claveles, la Nueva Granada conoció los episodios derivados de la revuelta del florero, que dieron origen al proceso de conformación de la identidad nacional colombiana. Se demostraba así una vez más que el realismo mágico, elevado al cielo literario por la prosa de García Márquez, no era, no es, sino una descripción puntual de la vida cotidiana en las ciudades y pueblos de Colombia.

Si la autoridad del doctor Betancur no me desmiente, el florero en cuestión, que aun puede contemplarse en uno de los museos bogotanos, pertenecía a un exitoso comerciante español, un tal Llorente, que se negó en redondo a prestar el cacharro para un acto de homenaje a un diputado local. A raíz de incidente tan nimio se habría organizado una soberana trifulca popular, que acabaría con el grito criollo de independencia contra los españoles ocupantes de aquella tierra. En la historiografía española no hay apenas constancia de la existencia de este señor Llorente, muy abundante por el contrario en la colombiana, como es de imaginar. Por su parte, Menéndez Pelayo, el polígrafo que presta su nombre al galardón que hoy celebramos, da noticia, en cambio, en su Historia de los Heterodoxos de la existencia de un canónigo de Calahorra, de nombre Juan Antonio Llorente, contemporáneo al del florero que, al parecer, constituía el envés de sus posiciones ideológicas y políticas. Frente al regalista y ultramontano Llorente de Bogotá, el nuestro fue denunciador de las barbaridades de la inquisición, perseguido por masón y afrancesado, dio con sus huesos en el exilio y acabó escribiendo un Retrato Político de los Papas que era un acre listado de las corrupciones, pecados, desviaciones, y delitos cometidos por los Sumos Pontífices de la Iglesia Católica. Traigo el tema a colación, primero, porque estoy seguro será materia de interés para el propio presidente Betancur, asesor del Vaticano durante muchos años, católico ferviente él mismo, y cabal conservador. Tan cabal, por cierto, que a fuer de serlo terminó en los lindes de la progresía de modo que sus amigos no sabemos ya si encarna la izquierda de la derecha o la derecha de la izquierda. Pero también cito al canónigo Llorente porque de él no hay gran referencia, ni muy ajustada a rigor, en los diccionarios históricos, pero don Marcelino le dedica en cambio un profuso y erudito estudio que, al pretender denigrarle, logra constituirse en la mejor de sus propagandas. Con la Historia de los Heterodoxos Españoles pasa un poco como con el secuestro de la revista el Jueves por la soez caricatura sexual de nuestros príncipes: es peor el remedio que la enfermedad, de modo que los intentos de censura se truecan en operaciones de mercadeo. Juan Goytisolo me hizo ver, hace ya muchos años, el caudal de sabiduría y de información que la obra de Menéndez Pelayo encerraba acerca de la disidencia intelectual española. Es tan puntual la información que ofrece sobre sus protagonistas que cabe preguntarse si en el fondo nuestro prócer no le hacía un guiño a la propia disidencia a base de establecer ese minucioso catálogo de vituperaciones contra los que no pensaban como se debía. Ya sabemos por otra parte que el índice de Libros prohibidos, en nuestros años jóvenes, nos servía para identificar todo lo que había que leer, precisamente al ser considerado pecaminoso por los clérigos. En aquellos tiempos, y en los que ahorra corren, semejante actitud era garantía de acceder al pleno disfrute de la inteligencia.

Pues bien, cualquier don Marcelino resucitado no tendría más remedio que incluir también en su catálogo de intelectuales dignos de anatema al propio Betancur. Con su aspecto plácido y su mirada angelical este don Belisario puede ser de armas tomar y nos ha resultado, en cualquier caso, muy poco ortodoxo, o sea, nada convencional, ni políticamente correcto. Me refiero sobre todo al hecho de que fue capaz de cambiar el curso de la historia moderna de Colombia, y a punto estuvo de cambiar la Historia misma, una vez que accedió en 1982 a la primera magistratura del país. En palabras del historiador Ricardo Arias Trujillo, "el triunfo de Betancur marcó un hito en el accidentado camino de las relaciones entre el Estado y la insurgencia: por primera vez, un gobierno reconoció que el problema guerrillero no era solo un problema de orden público, sino que existía una serie de causas objetivas (injusticia social y exclusión política) que habían llevado a numerosos colombianos a empuñar las armas. Consecuente con el diagnóstico, Betancur inauguró un proceso de paz y emprendió un diálogo que, si no dio los resultados apetecidos, sentó al menos un precedente que todos cuantos le han sucedido en la presidencia de Colombia han tomado como ejemplo a seguir. Esta insistencia en los procesos dialogados de paz le llevó a Betancur a impulsar también el grupo de Contadora y a protagonizar activamente cuantas iniciativas del mismo género se arbitraron en Centroamérica. Su experiencia de represión y diálogo combinados con la guerrilla, de mano tendida y mano dura, de confrontación y pacto, es la misma que han vivido tantos otros gobernantes en situaciones y países de conflicto. El presidente Betancur tuvo el coraje de afrontar esa tarea, y de ese ejemplo bien que debieran aprender algunos españoles que militan en las filas de la derecha.

A sus ochenta y cuatro años, Betancur es un prodigioso y brillante caso de sobrevivencia, no solo física, aunque siga partiendo a pares los corazones, con el permiso de su esposa Dalita, sino sobre todo intelectual y política. Hijo de familia más que numerosa, se doctoró en derecho y economía gracias a su empeño personal y a la esforzada ayuda que le prestaron sus padres, Rosendo Betancur y Ana Otilia Cuartas, humildes campesinos que no pararon en mientes ni sacrificios a la hora de procurar para su prole un futuro mejor. Es difícil imaginar cómo sería la vida en casa de los Betancur, que conformaban una humilde tribu repleta de hijos y vacía de medios materiales. Muchas veces he oído al propio Belisario contar anécdotas de su padre arriero que ponían de relieve el sentido común y el buen humor que poseía, y que fue capaz de legar a sus hijos. La cultura del caminante es propia de la sierra antioqueña, tan escarpada y fértil que es casi imposible desplazarse de un lado a otro sin asumir riesgos considerables. Los habitantes del lugar que, como los de otros distritos de esa zona de Colombia, reciben el apelativo de paisas, son gente pragmática y también presuntuosa. Negociadores, comerciantes, zumbones y presumidos, los paisas (apócope de paisanos) han dado un buen puñado de héroes nacionales al país. Fernando Botero y el cantante Juanes son paisas, lo mismo que el presidente Uribe y Belisario Betancur, aunque también lo es Manuel Marulanda, Tirofijo, el temido líder guerrillero, fundador y comandante en jefe de las FARC. Paisa, pues, e hijo de arriero, nuestro premiado de hoy cumple a diario con el consejo que recibiera de su padre: desayunar fuerte antes de lanzarse cada mañana a la aventura de la vida, ya que uno no sabe nunca lo que ha de depararle el camino durante el día. Esta cultura del caminante ha impregnado toda la biografía de Belisario Betancur, que fue un político perseguido y encarcelado repetidas veces por la dictadura, y encumbrado después por la democracia. También y sobre todo es un intelectual, un poeta y un hombre de bien. Por eso, durante su mandato presidencial dio preferente impulso a la educación, implantando por vez primera en Colombia un sistema de enseñanza a distancia y abordando la lucha contra el analfabetismo a través de la Campaña de Instrucción Nacional que, no por casualidad, recibió el sugestivo nombre de CAMINA. Fundador de editoriales, colaborador y director de publicaciones periódicas, escritor prolijo, sin caer en los desvíos de la grafomanía, poseedor de una pluma barroca y expresiva, inevitablemente colombiana y sonora, académico de la Lengua y de la Historia, conversador inagotable y brillante orador, puede el presidente Betancur presumir de ser uno de los políticos capaces de utilizar con un rigor y una belleza inimaginables el idioma castellano.

A este heterodoxo tan convincente, que desde hoy lucirá en la solapa de la vida el nombre de Menéndez Pelayo, podría sin esfuerzo incluirle un futuro don Marcelino en un nuevo y luminoso listado de personajes y obras prohibidas. Sabríamos entonces que en realidad don Belisario no ha sido toda su vida sino un conservador de izquierdas, de los que por cierto quedan muy pocos por estos lares, dedicado a trabajar por los demás y a mejorar su entorno humano. Y luciría de este modo su palmito intelectual junto al del denostado canónigo Llorente, que vayan ustedes a saber si era o no lejano familiar del Llorente del florero. Este sería así un viaje circular, de Colombia a España, de España a Colombia, como los que está acostumbrado a hacer Betancur desde hace décadas, en la búsqueda de una común identidad iberoamericana, basada en la cultura, en la lengua y en la capacidad de redención de nuestros pueblos.

Señoras y señores, querido presidente Belisario Betancur, no estoy seguro de que estas pobres y torpes palabras mías se parezcan en algo a una laudatio académica, en las que no soy experto pese a sentarme desde hace una década en el sillón V mayúscula de la Española. Me gustaría cuando menos que sonasen al elogio, siempre tardío, que este hombre singular merece de nuestra parte. Quisiera que el premio que hoy recibe no se contemple como uno más de la larga lista de honores y galardones que figuran en su currículo, sino como el reconocimiento singular y explícito a un arriero disidente de las convenciones y formalismos, de los pasos dados, buscador empedernido de nuevas vías y vericuetos en la tortuosa senda de los bosques que circundan Medellín; inventor de diálogos, sostenedor de ilusiones, machadiano personaje acostumbrado, como le enseñó su padre, a hacer camino al andar, y a emprender el viaje rodeado de un gran número de amigos admiradores de su lealtad, su generosidad, su lucidez y su temple.

Presidente Betancur, amigo Belisario, no sé cuánto te has de reconocer en este tu retrato, pero ha sido esbozado con el cariño y la admiración que te profeso desde aquella intensa noche en Madrid cuando mis funciones como periodista me condujeron a ser testigo excepcional del diálogo entre tu gobierno y la guerrilla del M-19. Y a la postre, si yerro en la figura, siempre quedarán los versos del Betancur caminante en la más humilde de sus introspecciones:

Otros dirán por mí quién quise ser,
yo solo sé decir que no lo fui. (…)
Otros dirán por mí. Nunca lo supe.

Los demás sí lo sabemos, presidente. Y te damos las gracias por ser como has sido, como seguirás siendo, y por empeñarte en no querer saberlo.

El académico Salvador Gutiérrez Ordóñez afirma que “si se habla mal, los culpables somos todos”

El académico de la Real Academia Española de la Lengua, Salvador Gutiérrez Ordóñez, ha afirmado hoy en Santander que “si se habla mal, los culpables somos todos”. “A veces buscamos culpables apocalípticos de nuestros defectos”, dijo el catedrático de Lingüística General, y añadió que “ni la Academia, ni los periodistas, ni otras instituciones, tenemos la culpa de todo”.

El catedrático asturiano aseguró que la solución para el uso incorrecto del lenguaje es “la educación” y recalcó que tanto los profesores como la familia “deberían insistir más en el dominio del lenguaje”, en que “los niños lean más y se expresen con más propiedad”. Además, Gutiérrez Ordóñez declaró que “los libros nos enseñan a conocer mundo, pero la educación nos enseña a ser mejores”.

En declaraciones a los medios, el director del curso que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en el Campus de Las Llamas  bajo el título ‘Escuela de gramática Española Emilio Alarcos. Categorías, clases y enseñanza de la gramática’, insistió en la importancia de que los niños “lean, se expresen y se comuniquen mejor” y, de lo contrario, “no solo suspenderán Lengua, sino también Arte, Geografía o Matemáticas” entre otras asignaturas, según explicó el académico.

Con respecto al idioma español, el licenciado en Filología Hispánica aseveró que “se haya en un momento de crecimiento y expansión”. Puntualizó que existe un “crecimiento vegetativo”, refiriéndose a que “más de 400.000 millones de personas tienen el español como lengua materna”. Así mismo, se ha producido “un incremento de la demanda en países como Brasil, Corea o Estados Unidos, para tener el español como segunda o tercera lengua”.

En este sentido, el autor de ‘De Pragmática y Semántica’, matizó que el español se está convirtiendo también en una “potencia en los medios de comunicación en países como Estados Unidos”, en los que “muchísimos medios son cadenas hispanas”. Además destacó que el español “está penetrando” también, aunque concretó que “no con la fuerza que desearíamos, en el lenguaje de la ciencia”.

Por otra parte, el lingüista asturiano explicó un concepto denominado “industrias de la lengua”, en el que se incluyen todos aquellos aspectos que, girando en torno a la lengua, “tienen una repercusión económica importante”, en campos que abarcan desde “las relaciones internacionales”, hasta la obtención de dividendos a través de “la exportación de libros de texto”.

Por último, Gutiérrez comentó también la existencia de un “nuevo paradigma”, al que denominó la “lingüística de la comunicación”. Este concepto implica que en el conocimiento del lenguaje “no sólo se atiende a las disciplinas clásicas, sino que hoy estudiamos la relación del lenguaje con la mente, con la sociedad y con el uso en la pragmática” entre otras aplicaciones, en las que destaca la palabra “comunicación”, ya que según el lingüista, “vivimos en un mundo de la comunicación”.

Betancur recibe “con orgullo y humildad” el XXI Premio Internacional Menéndez Pelayo que dedica a Colombia y a Jesús de Polanco

El ex presidente de Colombia y miembro de la Academia de la Lengua Colombiana, Belisario Betancur, ha recibido hoy “con orgullo y humildad” el XXI Premio Internacional Menéndez Pelayo, “inesperado, desbordante y enaltecedor por la luz que proyecta sobre un exiguo profesor”. Betancur quiso dedicar esta distinción a Colombia y “colocarla como una rosa en la tumba” de Jesús de Polanco, “excelso mecenas del libro y de la cultura en España y en América”.

El acto académico celebrado en el Paraninfo de La Magdalena, en el que Betancur recibió también la medalla de Honor de la UIMP, estuvo presidido por el rector de la UIMP, Salvador Ordóñez, y contó además con la intervención del presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y de Juan Luis Cebrián, miembro de la Real Academia Española, encargado de glosar la laudatio.

Betancur, cuyo discurso se tituló ‘La palabra navegante’, aseguró que el premio “solo encuentra explicación en mi amor por la dulce lengua de Castilla, en mi consagración a la enseñanza, defensa y difusión de esa lengua, que es vida de mi patria, con la que nos acompañamos en la búsqueda de las verdades temporales y en el ávido escrutinio de las verdades intemporales”.

Tras recordar sus primeros contactos con el mundo del conocimiento a la temprana edad de tres años y medio, afirmó que “llegué a la víspera del saber por mi precocidad de arriería”, convirtiéndose poco después en “devorador de libros” y descubriendo a los maestros, a los que “enseguida y siempre, por los años de los años, gustarlos, degustarlos y enseñarlos”.

El ex presidente colombiano señaló que la distinción que le otorga la UIMP “exalta antes que nada el amor de aquel sobreviviente por la lengua española y por sus libros íntimos”, considerando “visible” que lo que la Universidad Internacional Menéndez Pelayo “escruta en mi es la cultura de la arriería”. 

Betancur afirmó que el uso del español “lleva a desplazarnos por las palabras y la vida, por entre las gramáticas y las armas, derivadas de los laberintos y los vínculos de los seres de Indo-América y España”. Destacó que “el alma de nuestro vocablos está asociada a su vecindad con el corazón, las plantas, los planetas y las realizaciones de la creación y la mente humana”.

El español es para el premiado “la lengua que se marchita y la lengua que renace, se levanta y adquiere potencialidades de futuro”, porque todo idioma “tiene una historia y una geografía”. También, “un viaje de penetración en otras hablas como la inglesa en Estados Unidos”, concluyendo que “la tierra fue redonda primero en español”.


Cebrián califica a Betancur como “caminante heterodoxo”

El consejero delegado del grupo Prisa y académico de la Real Academia Española, Juan Luis Cebrián, fue el encargado de pronunciar la laudatio de Belisario Betancur.
 
Durante su intervención en el acto, Cebrián se dirigió al homenajeado como “caminante heterodoxo”, un hombre “nada convencional, ni políticamente correcto”. El ex presidente de El País señaló que Betancur fue un hombre “capaz de cambiar el curso de la historia moderna de Colombia”, a lo que añadió que “a punto estuvo de cambiar la Historia misma”.

“Político, escritor, historiador, hombre de leyes, activista internacional y mecenas de la cultura”, el ex presidente colombiano fue, en palabras de Cebrián, “un hito en el accidentado camino de las relaciones entre el Estado y la insurgencia”. En este sentido, destacó la labor de Betancur  al frente de “un proceso de paz que, si no dio los resultados apetecidos, sentó al menos un precedente”, tomado como ejemplo, dijo, “por cuantos le han sucedido en la presidencia de Colombia”. 

Así mismo, su “insistencia en los procesos dialogados de paz” llevó a Betancur a “impulsar el grupo de Cantadora” y a protagonizar “activamente” cuantas iniciativas del mismo género se arbitraron en Centroamérica. Cebrián calificó la experiencia de Betancur de represión y diálogo combinados con la guerrilla como “un ejemplo del que bien debieran aprender algunos españoles que militan en las filas de la derecha”.

Poseedor de una “pluma barroca y expresiva”, Betancur fue un “político perseguido y encarcelado repetidas veces por la dictadura, y encumbrado después por la democracia”. A sus ochenta y cuatro años, concluyó Cebrián, representa “un prodigioso y brillante caso de sobrevivencia intelectual y política”.

“Encarnación de la voluntad”, según Salvador Ordóñez

Por su parte, el rector de la UIMP, Salvador Ordóñez, destacó en Betancur el “constante empeño por superar las distancias, por su voluntad de tender un puente entre quienes compartimos la misma lengua y, sobre todo, las distancias sociales”. En palabras del propio Ordóñez, “Betancur es la encarnación de la voluntad de erradicar el analfabetismo, mejorar la vida de los desfavorecidos y acabar con los conflictos armados”.

En su discurso, el rector recordó al recientemente desaparecido Jesús de Polanco quien, según Ordóñez  “tuvo un papel esencial en el alumbramiento del Premio Menéndez Pelayo”. En su intervención, para enmarcar la figura del empresario, citó a Carlos Fuentes, Medalla de Honor de la UIMP, quien retrató al ‘Hijo Adoptivo de Cantabria’ como un hombre que “de las sombras de la dictadura española, extrajo la luz que impidiese un receso nostálgico, una división de una y otra España”.

Así mismo aludió a la figura de Eulalio Ferrer quien, en palabras de Ordóñez, tuvo la “brillante iniciativa” de impulsar la creación del Premio Menéndez Pelayo durante el rectorado del “llorado” Santiago Roldán.
 
En la clausura, Ordóñez citó al propio Betancur recordando que en el II Congreso Internacional de la Lengua Española éste invitó a “invocar aquella deidad que entre los mayas representaba la palabra”. Esta invocación buscaba, según Betancur, “que la lengua española y las palabras que en ella se digan, sean las de la ciencia, las de las reconciliación y las de la paz”. Tres palabras que, en opinión del rector, están “íntimamente ligadas al origen de esta Universidad y a su devenir a lo largo de 75 años de historia”

Revilla muestra su admiración por el premiado
El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, aseguró que el pueblo cántabro “celebra” la incorporación de Belisario Betancur a la ya “larga y extensa” nómina de personalidades distinguidas con el Premio Internacional Menéndez Pelayo.

En este sentido, afirmó que aplaude con entusiasmo la decisión del jurado y se suma a su fallo desde “nuestra modesta admiración a un hombre de cultura” que ha sabido ganarse “el respeto, el aprecio y la consideración de la comunidad intelectual hispanoamericana”.

Por ello, durante su intervención en la entrega de la vigésimo primera edición de este galardón, Revilla pidió a Belisario Betancur que el encuentro de hoy sea “solo el inicio” de una “fructífera y estrecha” relación con el pueblo de Cantabria. Un pueblo que definió como acogedor y no xenófobo “que admite a todos con los brazos abiertos”.

 De hecho comentó como entre la colonia de emigrantes “que han venido de fuera”, precisamente,  la mayor parte son colombianos “perfectamente integrados con nosotros a los que consideramos hermanos y cántabros”.  Es más, Revilla recordó que aquí -en Cantabria- “definimos como cántabro al que ha nacido, el que vive y el que nos quiere”, y por ello concluyó que, “como usted nos quiere, ya es uno de los nuestros”.

Asistentes al acto

El acto celebrado en el Paraninfo de La Magdalena estuvo presidido por el rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Salvador Ordóñez; el presidente regional, Miguel Ángel Revilla; el alcalde de Santander, Iñigo de la Serna; y el presidente de la Fundación Cervantina, Eulalio Ferrer.
 
Además, contó con la asistencia, entre otros, de la embajadora de Colombia en España, Noemí Sansín; el delegado del Gobierno en Cantabria, Agustín Ibáñez; la vicepresidenta regional, Dolores Gorostiaga; el rector de la Universidad de Cantabria, Federico Gutiérrez Solana; el ex rector de la UIMP, José Luis García Delgado; el presidente del Parlamento de Cantabria, Miguel Ángel Palacio; o la presidenta de la Fundación Albéniz, Paloma O´Shea.

Discurso del rector Salvador Ordóñez en el acto académico de entrega XXI Premio Internacional Menéndez Pelayo 2007

Sr. Presidente de Cantabria
Sr. Alcalde de Santander
Sras. y Sres. Miembros del Consejo de Gobierno de la UIMP
y la hermana Universidad de Cantabria
Dignísimas autoridades, profesores, estudiantes, personal de administración
Señoras y señores
Amigas y amigos,

En el frontispicio de su discurso, Belisario Betancur ha leído unas hermosas palabras de Pedro Salinas: “Está el hombre junto a su lengua como en la margen de un agua, de un estanque que tiene en el fondo joyas y pedrerías, misterioso tesoro celado”.

Nada podía llegarnos más hondo, a quienes trabajamos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que hacer presente en este acto la voz de quien fue designado como co-responsable de la Secretaría General de esta institución en su Decreto fundacional del 23 de agosto de 1932.

Impresiona recordar los nombres de algunos de los miembros de aquel primer Patronato de la UIMP: Ramón Menéndez Pidal, Miguel de Unamuno, Claudio Sánchez Albornoz, José Ortega y Gasset…

Sin duda, hombres de palabras. Y, sin duda también, hombre de palabras lo es quien hoy tenemos el privilegio de homenajear en este acto: Belisario Betancur, hombre de “La palabra navegante”. Como él mismo nos acaba de decir, hombre “sobreviviente, por la lengua española y por sus libros íntimos”.

Hace casi seis años, en el II Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Valladolid, Belisario Betancur nos invitó a “invocar aquella deidad que entre los mayas representaba la palabra”.

La invocación tenía por objeto que el Congreso fuera recordado como “un acto de fe en la dignidad del ser humano; y que la lengua española y las palabras que en ella se digan, sean las de la ciencia, las de la reconciliación y de la paz”.

Ciencia, Reconciliación y Paz. Palabras íntimamente ligadas al origen de esta Universidad y a su devenir a lo largo de 75 años de historia.

Ciencia, porque fue concebida para estimular el desarrollo del conocimiento mediante el encuentro solidario de expertos e intelectuales más allá de cualquier frontera.

Reconciliación, porque supo crecer en el ámbito esperanzador de la II República, ser “isla de libertad”  en los fríos años del franquismo y con la llegada de la democracia, contribuir a crear opinión desde el debate.

Y Paz, porque la paz ha de ser la religión laica de todo intelectual, que quiera hacerse merecedor de tal apelativo.

Así pues, nos reconocemos en las palabras que hoy nos ha dedicado Belisario Betancur en su intervención y las hacemos nuestras. Porque en su encendido elogio de nuestra lengua ha hermanado el espíritu, la vida y el ejemplo de muchas personas ligadas a esta Universidad y a este acto.

Entre ellas, qué duda cabe, Eulalio Ferrer, quien tuvo la brillante iniciativa de impulsar la creación del Premio Menéndez Pelayo en tiempos del llorado rector Santiago Roldán.

Eulalio Ferrer, mecenas de la cultura y de la palabra, simboliza como pocos el afán desinteresado y generoso por mantener vivos los lazos que nos unen a quienes vivimos a uno y otro lado del Atlántico.
En este mismo Palacio, Eulalio Ferrer recibió hace unos años la Gran Cruz de Isabel la Católica, y aquel día fue definido como símbolo “del espíritu de los trasterrados”.

Y nuevamente emociona comprobar que las voces de antaño vuelven a hacerse presentes en este acto, porque el concepto de “trasterrado”, hermoso de puro trágico, se debe a otra persona estrechamente ligada a la historia de esta institución: José Gaos, quien compartiera la responsabilidad de la Secretaría General de esta Universidad con Pedro Salinas.

José Gaos, discípulo de Ortega y Gasset que, como el propio Eulalio Ferrer recordó con emoción, murió dando clase en su cátedra de filosofía en la ciudad de México. Ciudad que fue “capital mundial de la hospitalidad” – y son, de nuevo, palabras de nuestro mecenas– para tantos y tantos intelectuales del exilio republicano español.

Y, sin ánimo alguno de empañar de tristeza un acto que debe ser, sobre todo, motivo de alegría, no puedo dejar de recordar en estos momentos la figura de otra persona, también referente insoslayable del mundo de la cultura y de la palabra, que tuvo un papel esencial en el alumbramiento del Premio Menéndez Pelayo: Jesús de Polanco.

A apenas seis días de su fallecimiento, permítanme que hoy me sume a lo que sobre Jesús de Polanco ha dejado escrito otro hombre de palabras, Carlos Fuentes, Medalla de Honor de nuestra Universidad, al definirlo como hombre “generoso, abierto, inteligentísimo, memorioso, premonitorio y pisando un presente que se sabía fugaz y sólo era constante. De las sombras de la dictadura española, extrajo la luz que impidiese un receso nostálgico, una aventura sin salida, una división de una y otra España".

Él vivirá en nuestro recuerdo, y hoy Jesús de Polanco se une a nosotros en la entrega del Premio Internacional Menéndez Pelayo y de la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo a Belisario Betancur.
Una medalla instaurada hace 24 años y que, otra vez de manera casi mágica, vuelve a sugerirnos las palabras de Pedro Salinas. En el envés de la medalla, aparece una mujer que sostiene en sus manos un libro de poesía, y esta imagen se refleja en un espejo, como en “… el margen de un agua, de un estanque …”.

De nuevo la “sombra” de Salinas que enmarca el bajorrelieve de la medalla con sus palabras: “¿…ellas, las sombras que los dos forjamos/ en este inmenso lecho de distancias?” .

La vida y la obra de Belisario Betancur es un constante empeño por superar las distancias.

Las distancias geográficas, sin duda, por su voluntad de tender un puente entre quienes compartimos la misma lengua. Pero también, y sobre todo, las distancias sociales. Para toda América Latina y para quienes la miramos con sentimiento fraternal, Belisario Betancur es la encarnación de la voluntad de erradicar el analfabetismo, de mejorar el nivel de vida de los desfavorecidos y de acabar con los conflictos armados. Sí, de nuevo los tres principios que he citado al comienzo de esta intervención: Ciencia, Reconciliación y Paz.

Tres principios que son un anhelo constante en una región del mundo tan frecuentemente castigada por sus términos opuestos: ignorancia, intolerancia, enfrentamiento ideológico y guerra fraticida. Mario Benedetti, Premio Menéndez Pelayo en 2005, lo expresa de manera especialmente descarnada en su poema “Despabílate amor”:

Bonjour, buon giorno, guten morgen.
Despabílate amor y toma nota.
Sólo en el tercer mundo
mueren cuarenta mil niños por día.
En el plácido cielo despejado
flotan los bombarderos y los buitres.
Cuatro millones tienen sida.
La codicia depila la Amazonia.
Buenos días, good morning, despabílate.
En los ordenadores de la abuela ONU
no caben más cadáveres de Ruanda.
Los fundamentalistas degüellan a extranjeros…

Ha citado Belisario Betancur en su intervención las conclusiones del Congresito de los Niños celebrado hace unos meses en la ciudad colombiana de Medellín. Al escucharlas, no he podido evitar un latigazo en la conciencia, en especial frente a dos de ellas.

La primera, es la que dice “no nos gusta que maten a los padres de los niños y a los animales”. Y la segunda, la que asegura que “no nos gusta perder amigos porque se tienen que ir a vivir a otros lados”. Nada podría definir mejor la violencia y la emigración que las palabras limpias de unos niños.

Con su español sencillo y directo, nos indican la tragedia, pero nos llenan también de esperanza. Una esperanza en la ciencia, en la reconciliación y en la paz que hoy compartimos, estoy seguro, cuantos estamos presentes en este acto.

Esta esperanza hoy se cimenta en el cumplimiento de los “objetivos de Desarrollo del Milenio”, adoptados por todos los gobiernos del mundo. El proyecto de las Naciones Unidas para construir un mundo mejor en el siglo XXI.

Uno de los “Objetivos del Milenio” es “velar por que todos los niños y niñas puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria y eliminar todas las desigualdades de género en cualquier nivel de enseñanza”. Objetivo que es la piedra angular para la incorporación de la Humanidad a la Ciencia.

Ciencia para mejorar la salud y Ciencia para reducir el hambre. Conocimiento, que permita la Reconciliación de la Humanidad, desde la tolerancia y la igualdad, Reconciliación con el planeta desde el desarrollo sostenible: y con ello, la tan deseada paz del mundo, la utópica paz del alma.

Permítanme para acabar, recordar unos versos de José Hierro, que me ayudan a expresar la emotividad de este momento:
“Dejé el alma que soñase: volvería a despertar en primavera./ Nuevamente nace el mundo, nuevamente naces, alma.”

Muchas gracias.

El poeta Fernando Beltrán afirma que “la cultura de la subvención está haciendo mucho daño”

El poeta Fernando Beltrán ha afirmado hoy en Santander que “la cultura de la subvención está haciendo mucho daño” ya que, a su juicio, “vivimos en un momento en el que todo tiene que estar subvencionado” y, quien se sale de ahí,  “parece que está en otro mundo”.

El autor de ‘Ojos de agua´, manifestó en una rueda de prensa previa a su intervención en el ciclo ‘Veladas Poéticas’, organizado por la UIMP, que, en la actualidad, hay “relativa facilidad” para publicar pero recalcó que “el mundo poético es demasiado conservador y se atreve a salirse poco de los caminos”.

Para Beltrán los poetas “somos muy cobardes” y por ello destacó el mérito que tienen las editoriales que hacen “algo nuevo” ya que, cuando una iniciativa funciona, “se apunta todo el mundo corriendo” pero, al principio, “se tiene mucho miedo”.

Por otro lado el autor de ‘Bar adentro’ explicó que a los 17 años “abrió la puerta de casa de sus padres porque no entendieron que fuese a ser escritor”. No obstante, matizó que, “después de muchos años, lo he entendido. Es más, aseveró que “tenían razón mis padres” porque “es un mundo muy difícil donde hay que trabajar mucho”.

Beltrán explicó que “La fábula de la hormiga y la cigarra” es una “gran mentira” ya que “el poeta no es una cigarra que canta en las ramas de un árbol sino que es una hormiga que suda, sufre y que vive su sufrimiento y sus alegrías y las de los demás”. Eso sí, a pesar de lo “duro” de su profesión, admitió que “no se arrepiente” de haberse dedicado a escribir porque “no es lo único que sé hacer, como dicen otros, yo lo elegí”.

Por otro lado, el editor Leopoldo Sánchez destacó la figura del autor Fernando Beltrán como “una de esas voces fundamentales” en la poesía española de los últimos años.  Un autor que, según Sánchez, “contribuye con su poesía a consolidar un proceso de renovación en la poesía española”.

A preguntas de los periodistas, el también profesor de Literatura Española en la Universidad de Oviedo reflexionó sobre la situación poética en la actualidad y se lamentó de que, posiblemente, haya una “saturación de poetas” dada la relativa facilidad con la que se publica al tiempo que admitió que se “echa de menos” la figura de “un poeta genial” porque, en su opinión, “hay pocos”.

Por su parte, el director del ‘Centro Cultural de la Generación del 27’ de la Diputación de Málaga, Julio Neira explicó que se trata del tercer año que el Centro Cultural patrocina junto a la UIMP y el ministerio de Cultura las veladas poéticas y aseguró que “el tema de la edición es para nosotros especialmente importante” porque Málaga tuvo “una importancia fundamental” en la Generación del 27 debido a la labor de dos poetas; Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.

Dos poetas “muy jóvenes”, agregó,  que decidieron “fundar una imprenta” donde se publicaron “los primeros libros de Vicente Alexandre, el segundo de poemas de García Lorca o de Rafael Alberti”. Desde entonces, matizó, en Málaga “la impresión poética ha sido una seña de identidad”. Por este motivo, comentó, que “les pareció muy interesante chequear cual era el estado de la poesía en España”.

Neira afirmó durante su intervención “que la poesía española vive un momento de absoluto esplendor” debido a que “es muy difícil encontrar otra época” en la que haya “tantos y tan interesantes poetas” como ahora  y “de edades y generaciones tan diversas” que coexisten, para él, de forma “razonable”.

El director del Centro Cultural de la Generación del 27 de la Diputación de Málaga  concluyó señalando que  “La UIMP es para nosotros la Universidad de la Generación del 27” no sólo porque en su fundación estuviese como secretario general Don Pedro Salinas y porque “aquí estuviesen personas de la talla de Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Federico García Lorca y años después Rafael Alberti” sino porque “la Universidad en su concepto responde a lo que es el 27 en su globalidad” no como “grupo político restringido” sino como toda una cultura de una época como es la de los años 20 que se abre a Europa y al mundo.

Convocatorias de prensa

VIERNES, 27 DE JULIO

 

 

 

 

11:00  RUEDA DE PRENSA. Sala de prensa

            Presentación del XLII Congreso Internacional de la Asociación Europea de Profesores de Español y los cursos de español en el Campus de Las Llamas.

Intervendrán Sara M. Saz, presidenta de la Asociación Europea de Profesores de Español; Virginia Maquieira, vicerrectora de Extensión Universitaria de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo; y Lourdes Díaz Rodríguez, directora de los Cursos para Extranjeros de la UIMP.

 

 

 

11:40  ENCUENTRO INFORMATIVO. Sala Santo Mauro

Seminario ‘Comunicación y desarrollo’

El secretario general de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) Juan Pablo de Laiglesia, atenderá a los medios de comunicación antes de clausurar el seminario

 

 

 

12:00  RUEDA DE PRENSA. Sala de prensa

Seminario ‘La sociedad de la cultura’

Intervendrán Salvador Giner, catedrático Emérito de Sociología (Universidad de Barcelona),  y Arturo Rodríguez Morató, profesor de Sociología y director del seminario.

Palabras del doctor Belisario Betancur en la ceremonia de entrega XXI Premio Internacional Menéndez Pelayo 2007

Está el hombre junto a su lengua como en la margen de un agua, de un  estanque que tiene en el fondo joyas y pedrerías, misterioso tesoro celado…
      PEDRO SALINAS.
 
I.- El resplandor.

Recibo con orgullo y al tiempo con humildad, este honroso Premio Menéndez Pelayo, otorgado por nuestra Universidad Internacional Menéndez Pelayo, presea que  dedico a mis compatriotas, el pueblo de Colombia. Y que coloco como una rosa en la tumba de mi inolvidable amigo Jesús Polanco, excelso mecenas del libro y de la cultura  en España y en América.

Digo que recibo con orgullo este galardón, por la justa nombradía de la Universidad, en buena hora fundada en la primavera de 1932 por aquel inolvidable apóstol de la enseñanza libre que fue el ministro de educación don Fernando de los Ríos. Y digo que lo recibo con alegría, por el insigne prestigio de los rectores, que van desde las altas cumbres de don Ramón Menéndez Pidal y don Blas Cabrera, pasando por las cimas de Pérez Bustamante, Pérez Embid, Ynduraín Hernández, Raúl Morodo y Santiago Roldán, hasta el visionario e inmolado amigo Ernest Lluch, y el docto entre los doctos José Luís García Delgado; y don Luciano Parejo y don Salvador Ordóñez, llenos de dinámico fervor y de fresca sabiduría.

 Y lo acepto, en fin, con jubilosa timidez, al repasar los nombres de las veinte personalidades de la cultura, que lo han recibido, tales los maestros mexicanos Octavio Paz, Carlos Fuentes, Miguel León Portilla y José Luís Martínez; la constelación de la Cruz del Sur, Ernesto Sábato y Mario Benedetti; el arabista por antonomasia Emilio García Gómez; el donairoso y deleitoso Julio Caro Baroja; los maestros cervantistas Martín de Riquer, Francisco Rico y Fernando Lázaro Carreter; los esclarecidos filósofos Julián Marías, Emilio Lledó y Pedro Laín Entralgo; los rigurosos  académicos Luís Díez del Corral, José Manuel Blecua, José María Jover y Eduardo García de Enterría. Y, en fin, los novelistas, la brasileña Nélida Piñón, plena de encanto y colorido, y el sedicioso y multifacético Mario Vargas Llosa, quien dijera al recibir esta misma presea, que la predisposición sediciosa de los heterodoxos, es la razón secreta de la literatura.

Sea éste el momento de agradecer a los eminentes  hispano-mexicanos Eulalio Ferrer y su llorada esposa Rafaela, sus  estimulantes ensoñaciones al crear esta presea. Y sea, asimismo, momento de rendir tributo de gratitud a las personalidades e instituciones académicas que propusieron mi nombre para esta inmerecida distinción, y a las que lo acogieron.

II.- El sigilo verde.

He aquí una  razón más -qué digo, veinte razones más-, por las cuales expresé que este Premio inesperado, desbordante y enaltecedor por la luz que proyecta sobre un exiguo profesor, lo recibo también con humildad, pues sé bien sabido que solo encuentra explicación en mi amor por la dulce lengua de Castilla, en mi consagración a la enseñanza, defensa y difusión de esa lengua, que es  vida de  mi patria, con la que nos  acompañamos en la búsqueda de las verdades temporales y en él ávido escrutinio de las verdades intemporales.
 
En aquel sigilo verde de la Cordillera de los Andes aprendí a leer,  a escribir y las cuatro operaciones,  a los tres años y medio de mi edad, guiado por maestros semianalfabetos que entretenían al niño en posadas de arriería a la luz de un candil, mientras mi padre ataba a su hijo a la retranca de la enjalma para trepar por los caminos sinuosos, y cuidaba la mulada y las muchachas de las fondas. Más tarde complementé mi preparación académica como asistente de una anciana  y robusta maestra que, hizo de mi caligrafía un alarde del barroco florido hispanoamericano. Pero no me podían  matricular en la escuela, por no tener la edad requerida de siete años. Quiero expresar que llegué siempre la víspera a la fiesta, del saber, por mi precocidad de arriería, que me convirtió, además, en pintoresco recitador en las veladas municipales, una mano a la izquierda, otra a la derecha para modular las cadencias del lirismo parroquial.  Mis evocaciones   infantiles  me  pintan  godo, feo,  católico y sentimental, como el  Marqués de  Bradomín  de  Valle-Inclán.

Desde entonces, contra Sócrates que no sabía leer y Marco Aurelio que no gustaba de leer, fui devorador de libros, primero de los clásicos en la colección Araluce para niños; después, los griegos y latinos en griego y en latín, aprendidos en un gélido seminario para curas, del cual fui expulsado, con razón,  por mi temprana heterodoxia, no obstante militar herencialmente en la derecha; más tarde,  los clásicos europeos, empezando por el siglo de oro español, y en él, por Lope, Quevedo, Góngora, Garcilaso. Y desde luego, Cervantes y don  Quijote. Enseguida y siempre, por los años de los años, gustarlos, degustarlos y enseñarlos.
 
III.- Los libros íntimos.

Por consiguiente, el Premio que se me discierne,  exalta en el segundo de los veintidós hijos del mismo padre y la misma madre, nacidos año tras año por el subdesarrollo y, año tras año muertos 17 de ellos también por el subdesarrollo, el Premio exalta  antes que nada el amor de aquel sobreviviente, por la lengua española y por sus libros íntimos.

Los cuales ahora se han mudado del exiguo  anaquel familiar a la procela ancha y  sabia de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín, la capital de Antioquia (Colombia), en donde el autor se encontró con el saber desinteresado: todo, ello sí, a imitación de lo que un día hiciera con su incomparable biblioteca don Marcelino Menéndez Pelayo, al donarla a su ciudad nutricia, Santander, con las mismas precisiones que hiciera el sabio montañés. La generosidad, la amistad y la brillantez de la pluma de Juan Luís Cebrián, han magnificado las breves calidades del galardonado, para elevar la medianía de sus merecimientos.

IV.- El entretenimiento.

Por consiguiente, es visible que lo que la UIMP escruta en mí es la cultura de la arriería, dentro de la cual los versados muleros, faltos de toda ignorancia, como ellos dicen de sí mismos, entretenían al infante, imitando, sin saberlo, la manera como  Don Quijote le ofrecía al enamorado  Cardenio, “más de 300 libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida”.

Así nos entreteníamos, allá en los Andes, con las palabras incipientes  de nuestra lengua, viajeras al mestizaje con la lengua castellana, a la que aportaban resonancias inéditas, transidas de almas panteístas.

El filólogo colombiano don Marco Fidel Suárez, quien fuera presidente de mi país hace cerca de un siglo, escribía con justeza, que las palabras tienen alma. Y que si lo más esencial del alma es el pensar; si la diferencia exterior del hombre no son la risa, ni las lágrimas, sino la palabra; si los pueblos no se acaban sino cuando su lengua acaba, podemos decir que el pensamiento es el alma, la palabra es el hombre y la lengua es la patria.

Yo agrego que las palabras tienen alma marinera. Como si quisieran repetir el asombro que los primitivos pobladores de América sintieron al ver llegar las naves  descubridoras de mundos, las palabras quisieron también embarcarse. Por eso el primer vocablo chibcha que se salió de aquella lengua aborigen y viajó a la lengua castellana, desnuda, su cuerpo pintado apenas a tramos como para colorear el pensamiento, fue la palabra canoa, esbelta y orgullosa, con ansia de gozoso ayuntamiento con la lengua española.

En efecto, al fenecer el siglo XVI las autoridades de la Corona en el Nuevo Reino de Granada, dispusieron que para mejor enseñar la doctrina cristiana, los misioneros debían aprender las lenguas indígenas. Para lo cual ordenaron la elaboración en diez años, de una gramática chibcha. En dos años la elaboró un dominico nacido en Santafé de Bogotá, que había aprendido la lengua muisca, mosca o chibcha.

El primer Soneto que escribió Fray Bernardo de Lugo, en 1619, para introducir  su “Gramática en la Lengua General del Nuevo Reyno, llamada Mosca”, es éste:

“Quién eres tú que tan lixera buelas?
La lengua chibcha soy. ¿A do caminas?
Del Nuevo Reyno, a tierras peregrinas,
que tendrá mis verdades por novelas.

Dizes muy bien que a todos nos desvelas
con tu profundidad, dí que imaginas?
Que estudiando sabrás lo que adivinas,
que el docto Lugo preside en mis escuelas.

Púsome en arte siendo yo intricada,
y de Chontal me hizo tan ladina,
que causo admiración al mundo todo.

Por él pienso quedar eternizada,
y su opinión de oy mas será divina,
que él  solo alcanza mi substancia y modo.”


La Lengua chibcha soy, dice con jactancia, al saber que de Chontal -es decir que no sabía la lengua castellana-, la hizo tan ladina -o sea que ya sabía castellano-, que en él piensa quedar eternida: eternizada en el mestizaje con la lengua de Castilla. El poeta Eduardo Carranza dice que en Colombia los ríos hablan español y el silencio calla en español. Y Gabriel García Márquez agrega que Colombia escribe en español. ¡Por fortuna!

V.- El asombro.

El uso del  español  lleva a  desplazarnos  por  las palabras y la vida, por entre las gramáticas y las armas, derivadas de los laberintos y vínculos de los seres de Indo-América y España.

Este lenguaje hermoso  fluye como arroyo que no cesa, de remotos manantiales, entre ellos desde luego el latín del cual se fue desprendiendo con parsimonia, y de los componentes septentrionales. Pues ya se sabe -dice Suárez-, que la mera sílaba ba ofrece como góticas las palabras baile, bajo, bala, balde, banda, barranco, baranda, barrunto, basto, bastimento,  batir. Y mucho Más copioso, aún es el  afluente de voces meridionales o arábigas que penetraron a España durante la dominación musulmana.

De ello hablé hace algo más de un año en Sevilla y Montevideo, en Seminario dirigido por el profesor García Delgado, con palabras que quiero analizar y complementar en este escenario.
 
El alma de nuestros vocablos está asociada a su vecindad con el corazón, las plantas, los planetas y las realizaciones de la creación y de la mente humana. Lo cual permite reconocer en las expresiones del español, una gran preocupación,  en  particular en  Iberoamérica: se sabe que es primera lengua en Puerto Rico; que es segunda lengua en Brasil;  y que para más de cincuenta millones de personas en los Estados Unidos, es primera o segunda lengua.

Asimismo, es sabido que permite establecer en las expresiones dialectales, una potencia de asombro, armonía y libertad. 

Asombro fue lo que sintieron los descubridores  españoles  al llegar a Yucatán, cuando los jefes mayas, abriendo quizá el Popol Vuh o el Chilam Balam de Chumayel, les dijeron: “Ah, y es que los señores visitantes también tienen libros,  como nosotros?”

Qué libros llevaban consigo los navegantes españoles de los siglos XV y XVI? Talvez el Imago Mundi con más de 800 observaciones al margen, en latin, que hacía las ensoñaciones del Gran Almirante de la Mar Océana y que Colón a nadie enseñaba, ni a su hijo. Quizás el Libro del Buen Amor, escrito en cuaderna vía amoroso y picaresco por el Arcipreste de Hita;  o cualesquiera cantares de Gil Vicente o del florido  Marqués de Santillana, o del dolorido Jorge Manrique;  en ningún caso El Quijote, cuya primera parte aparecería en 1605 en Madrid, y la segunda en 1615, también en esa ciudad.

Aquellos testimonios rendían además homenaje al papel en que se hacían los libros y a la letra de imprenta con la que se escribían, a pesar de los comentarios que recogen los cronistas  de los tiempos de   la invención de Gutemberg en la mitad del siglo XV en Maguncia, de que aquella fracasaría porque la gente no sabía leer.

VI.- Los trapos viejos.
 
La difusión de la belleza y elegancia de nuestro idioma,  está asociada a un elemento que es regalo de la naturaleza y elemento para gentes con dotes artísticas, buen gusto y laboriosidad, como los artesanos: me refiero al papel.

Don Alfonso X, el Rey Sabio, escribió en las Siete Partidas, que existen unas palabras para ser dichas, y que otras deben ser escritas “en pergamino de cuero e quales en pergamino de paño”, para que no se dispersen en la arena, en el polvo o en el agua. Así, pues, las palabras se proyectan en la duración del tiempo, a través de formas de hojas que van constituyendo las texturas de los relatos y contenidos del español.

Esta aventura ha tenido momentos estelares. Uno de ellos fue hace más de 2000 años cuando Taxi-Lun, ministro de economía del Emperador de la China, inventó un procedimiento de maceración de cañas de bambú y cortezas de árboles, para extraer materia escriturable. En Europa se comenzó a utilizar desde finales del siglo VIII, porque el invento se mantuvo secreto hasta cuando los árabes lo descubrieron, por medio de sus prisioneros en Persia.

Y España fue la primera nación europea que heredó este preciado material, a través de los musulmanes. Se ha podido documentar, por ejemplo, que Aben Masaifa fue quien levantó la primera fábrica de papel en Játiva (Valencia), en 1004, empleando trapos viejos y paja de arroz.

Antes del descubrimiento de América,  la industria del papel llegó a ser tan importante entre los mexicanos, que había pueblos que entregaban cada año grandes cantidades de papel como tributo a sus reyes.

En la actualidad en Iberoamérica se confeccionan millones de “manos” y de “resmas” de bellas hojas que, antes de recibir la impresión a que están destinadas, constituyen  gozo para el tacto y para la vista.

Es lo que hacemos en la colonial Barichara, dormida desde comienzos del siglo XVIII en los Andes colombianos, en el taller de papel hecho a mano a base del fique, el henequen, la hoja de piña y el tallo del tabaco, que antes se quemaban y ahora los elabora, golpeando la fibra con mazos de madera hasta licuarla a la usanza antigua, una cooperativa de mujeres, algunas de origen indígena guane, de los que reciben al visitante así de dulcemente: “Mi cariño lo saluda”.

VII.- El ser palpitante.

En los pozos en donde aquella fibra licuada espera el molde  cernidor, asoma de repente la hoja de papel en la cual se puede leer con ojos virtuales:

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero  acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.
 
O se puede leer, virtualmente también:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”.

Instante a instante, las palabras van apareciendo, llamando y avisando.

Así era en los comienzos del idioma, allá por el año de 1207, hace ahora ochocientos años, en el monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos, donde Per Abbat se olvidaba un poco del latin y apelaba al árabe y al  hebreo para convertir una  tradición oral en el poema épico juglaresco El Cantar de  Mío Cid, que a la madrugada  decía: “Apriessa cantan los gallos / e  quieren quebrar albores”. Se puede advertir cómo, a través del tiempo, se transmutan las metáforas  en la interioridad de las palabras. Pues García Lorca diría en el Romance de la pena negra de su Romancero gitano: “Las piquetas de los gallos / cavan buscando la aurora,/ cuando por el monte oscuro/ baja Soledad Montoya”.

VIII.-La arrogancia del mestizaje.

De esa habla dulce y tierna, nos sentimos orgullosos al otro lado del mar.

Tan orgullosos nos sentimos, que hace treinta años, como embajador de mi patria, hablé con don  Dámaso Alonso, entonces Director de la Real Academia Española, sobre la inequidad del Diccionario cuando, con arrogancia sutil, califica de americanismo o colombianismo o mexicanismo o argentinismo, entre otros, las innovaciones, modismos o barbarismos de nuestro lenguaje mestizo y bienamado; pero pasa por alto y hasta canoniza, disonancias españolas que con igual lógica debería calificar de españolismos. Me  pidió algunos ejemplos y se los di: “Suba p’arriba, baje p’abajo, entre p’adentro, salga p’afuera. Subir es siempre para arriba, le dije, bajarlo es para abajo, salir lo es para afuera y entrar siempre es para adentro. Y eso por no hablar de la horrenda unión de las preposiciones a y por  para denotar direccionalidad, en expresiones como “a por ellos”, jamás usadas en América y canonizadas por la costumbre y por el Diccionario de la Real Academia Española.

Suárez, notable filólogo de quien antes hablé, cuenta, que tenía escritos ciento veinte significados de las palabras marrullero o redomado, y cien de la palabra bobo. Igualmente los cambios de sentido que produce la palabra mayor,  según que se anteponga  o posponga a los vocablos días, edad, fuerza; el vocablo santo antepuesto o pospuesto a oficio, padre, días, tierra. Asimismo, las mutaciones de frases hechas  y de refranes transladados de España a América, y, al contrario, por ejemplo, nuestro “el Mono de la pila” es, en España, San Juan de los Reyes; y nuestro “ensillar antes de traer las bestias” es en la península “aún no ensillades é ya cabalgades”. Otro tanto ocurre con los acentos americanos de frase, por ejemplo el superlativo en “hallé una flor más linda”,  equivalente a lindísima. O los adverbios de modo formados en el Caribe colombiano con la agregación de la partícula mente a expresiones adjetivadas, así: graciasdiosmente, sindudamente. Y todo lo anterior, sin caer en la situación delincuencial de los prevaricadores del habla, según decía Cervantes.

Tal es, no la lengua común que nos desune según expresión del novelista chileno Jorge Edwards, sino el árbol nutricio que nos congrega, con sus ramazones enamoradas. Lo cual explica aquella anécdota tantas veces evocada, cuando los poetas españoles Leopoldo Panero, Luis Rosales, Agustín de Foxá, Luis Felipe Vivanco y el colombiano Eduardo Carranza, por los años cincuenta del siglo XX, viajaban de Bogotá a Tunja por el lomo de la Cordillera de los Andes, y se detuvieron  en una fonda campesina a atemperar el frío con blandos aguardientes. El campesino que atendía los interrumpió así: “¿Porque los  señores son españoles?” “Sí”, contestó Rosales. “Y Usted cómo lo supo?” El campesino replicó sin vacilar:”Pues por el dialecto que hablan”.

IX.- El lenguaje del Congresito de los niños.

Excelentísimo Señor Rector, Excelentísimos Miembros del Jurado, Excelentísimo Juan Luís Cebrián, distinguidas personalidades invitadas; señoras, señores:

En este momento y para terminar, cumplo encantado con una obligante sugerencia del Señor Rector.

Como se sabe, en marzo del año en curso se reunió en Cartagena de Indias el IV Congreso Internacional de nuestra lengua, en el cual se adoptaron decisiones importantes ante las  nuevas exigencias tecnológicas.

Una semana antes se reunieron en Medellín las 22 Academias Nacionales, desde Filipinas hasta la antigua Guinea Española y la Academia Norteamericana, lo mismo que los Rectores de cerca de 100 Universidades Latinoamericanas, con la presencia de Sus Majestades los Reyes de España. Pues bien, la Fundación Santillana para Iberoamérica con sede en Bogotá, convocó el Congresito de los Niños en Medellín, al cobijo de la Universidad EAFIT. Por cinco días deliberaron a su aire, 15.000 niños y niñas de las escuelas populares de la ciudad. Al clausurarse, el Congresito Los niños y las niñas tienen la palabra, unidos por un sueño mágico de palabras locas, según su lenguaje, aprobó  conclusiones que son un tratado de convivencia y solidaridad, un camino hacia la paz, algunas  relacionadas con la lengua española.

Dijo el Congresito:
Nos gusta:

• Poder ver a nuestras familias, nuestros amigos y amigas;
• Reconstruir la capa de ozono y salvar a la naturaleza;
• Estar en una montaña que tenga un agujero de leche;
• Que nos escuchen y nos presten atención;
• Que nunca se acabe la sonrisa y que la alegría salga al exterior;
• Que los padres cambien maltratos por risas a carcajadas;
• Que  todos los seres humanos sean más tiernos;
• Que no corten los sietecueros para que no se acaben;
• Que nunca se acabe el aguapanela y haya un mundial de peleas de gallos.

Dijo el Congresito:
No nos gusta:

• Que maten a los padres de los niños y a los animales;
• No ver a los papás;
• No escuchar cantar a los delfines y a las ballenas en el mar;
• Que los papás nos castiguen y nos peguen;
• No poder hablar con Dios;
• Que no nos dejen comer mucho chocolate;
• Perder amigos porque se tienen que ir a vivir a otros lados;
• Que nos molesten;
• Que nos digan mentiras;
• Que tengamos que trabajar mucho;

Nos gusta:

Los niños y las niñas del Congresito de la Lengua Española, Medellín 2007, queremos pedirles a las palabras que no sean usadas para herir y matar, para obligar, prohibir y regañar. Que se cambien por palabras mágicas para imaginar un mundo habitado por la alegría.

 Queremos pedirles, a las palabras que se usen para llegar a acuerdos, para conciliar y para resolver problemas, no para dividir.

 Queremos también que las palabras sean el medio para estudiar, para llegar al conocimiento, para aprender cosas nuevas cada día y para disfrutar de cuentos, poesías y canciones.

 Nos comprometemos a hacer buen uso de las palabras, a respetarlas, a quererlas, a no olvidarlas y a cuidar de ellas.

Selección de palabras:

 Después de un largo proceso de deliberación y acuerdo, definimos que las 10 palabras desempolvadas, aquellas que alguna vez fueron usadas, pero que se han ido olvidando son:

1. Ágape: fiesta que estrecha lazos de hermandad;
2. Cántaro: vasija para recoger agua;
3. Chéchere: algo viejo y deteriorado;
4. Embeleco: un capricho chiquito. Así llama mi mamá a los novios de mi hermana;
5. Embrollo: dificultad sin resolver;
6. Menjurje: ungüento, revoltijo;
7. Modorra: pereza;
8. Pipiolo: persona joven;
9. Pañolón: pañuelo grande que se ponen las señoras para ir a la misa;
10.Guete: contento con algo.

 Nos comprometemos a incorporar estas palabras a nuestro lenguaje cotidiano y a promoverlas entre los amigos.

Los niños y las niñas del Congresito de la Lengua Española, Medellín 2007, después de un largo proceso de consenso y de trabajar en la construcción de nuevas palabras, definimos que las 10 mejores palabras inventadas para incorporar a nuestro lenguaje son:
  
fapigozo, expresión de felicidad;

murmulencio, murmullo que se oye en silencio;

tristesinra, tristeza que se siente con un huequito en la barriga porque sí;

pionilla, peinilla para sacar pioJos;

lunor, luz de luna;

hormonado, muchacho que come mucho;

fruspiro, suspiro que se pronuncia al bañarse con agua fría;
 
pinochada, insistencia;

lumpereza, pereza que da los lunes para ir al colegio;

Finalmente, los niños y las niñas del Congresito de la Lengua Española, Medellín 2007, después de comer y beber palabras, de pensar y discutir, acordamos que las 10 palabras más queridas de la lengua española son:

1. Chocolate
2. Música
3. Crispeta
4. Carcajada
5. Soñar
6. Fútbol
7. Mágico
8. Amigo
9. Montaña
10. Mamá

X.- El Español es un viaje.

Excelencias, Distinguidas personalidades invitadas, señoras y señores:

He aquí en su prístina e ingenua creatividad, la lengua que se marchita y la lengua que renace, se levanta y adquiere potencialidades de futuro.

Pienso ahora que, sueltas, mis palabras anteriores  son tablas yertas. Y que unas con otras, hilvanadas, muestran perfiles de singladura y  aire de velámenes.

Todo idioma tiene una historia y una geografía. El español es un viaje: viaje de penetración en otras hablas, como la inglesa en Estados Unidos.

Por todo lo cual en el denso Seminario de Sevilla, a pulmón pleno proclamé algo que me complace decir aquí y ahora: ¡que la tierra fue redonda primero en español!

DOSSIER DE PRENSA 26 DE JULIO 2007

DOSSIER DE PRENSA 26 DE JULIO 2007