Está el hombre junto a su lengua como en la margen de un agua, de un estanque que tiene en el fondo joyas y pedrerías, misterioso tesoro celado…
PEDRO SALINAS.
I.- El resplandor.
Recibo con orgullo y al tiempo con humildad, este honroso Premio Menéndez Pelayo, otorgado por nuestra Universidad Internacional Menéndez Pelayo, presea que dedico a mis compatriotas, el pueblo de Colombia. Y que coloco como una rosa en la tumba de mi inolvidable amigo Jesús Polanco, excelso mecenas del libro y de la cultura en España y en América.
Digo que recibo con orgullo este galardón, por la justa nombradía de la Universidad, en buena hora fundada en la primavera de 1932 por aquel inolvidable apóstol de la enseñanza libre que fue el ministro de educación don Fernando de los Ríos. Y digo que lo recibo con alegría, por el insigne prestigio de los rectores, que van desde las altas cumbres de don Ramón Menéndez Pidal y don Blas Cabrera, pasando por las cimas de Pérez Bustamante, Pérez Embid, Ynduraín Hernández, Raúl Morodo y Santiago Roldán, hasta el visionario e inmolado amigo Ernest Lluch, y el docto entre los doctos José Luís García Delgado; y don Luciano Parejo y don Salvador Ordóñez, llenos de dinámico fervor y de fresca sabiduría.
Y lo acepto, en fin, con jubilosa timidez, al repasar los nombres de las veinte personalidades de la cultura, que lo han recibido, tales los maestros mexicanos Octavio Paz, Carlos Fuentes, Miguel León Portilla y José Luís Martínez; la constelación de la Cruz del Sur, Ernesto Sábato y Mario Benedetti; el arabista por antonomasia Emilio García Gómez; el donairoso y deleitoso Julio Caro Baroja; los maestros cervantistas Martín de Riquer, Francisco Rico y Fernando Lázaro Carreter; los esclarecidos filósofos Julián Marías, Emilio Lledó y Pedro Laín Entralgo; los rigurosos académicos Luís Díez del Corral, José Manuel Blecua, José María Jover y Eduardo García de Enterría. Y, en fin, los novelistas, la brasileña Nélida Piñón, plena de encanto y colorido, y el sedicioso y multifacético Mario Vargas Llosa, quien dijera al recibir esta misma presea, que la predisposición sediciosa de los heterodoxos, es la razón secreta de la literatura.
Sea éste el momento de agradecer a los eminentes hispano-mexicanos Eulalio Ferrer y su llorada esposa Rafaela, sus estimulantes ensoñaciones al crear esta presea. Y sea, asimismo, momento de rendir tributo de gratitud a las personalidades e instituciones académicas que propusieron mi nombre para esta inmerecida distinción, y a las que lo acogieron.
II.- El sigilo verde.
He aquí una razón más -qué digo, veinte razones más-, por las cuales expresé que este Premio inesperado, desbordante y enaltecedor por la luz que proyecta sobre un exiguo profesor, lo recibo también con humildad, pues sé bien sabido que solo encuentra explicación en mi amor por la dulce lengua de Castilla, en mi consagración a la enseñanza, defensa y difusión de esa lengua, que es vida de mi patria, con la que nos acompañamos en la búsqueda de las verdades temporales y en él ávido escrutinio de las verdades intemporales.
En aquel sigilo verde de la Cordillera de los Andes aprendí a leer, a escribir y las cuatro operaciones, a los tres años y medio de mi edad, guiado por maestros semianalfabetos que entretenían al niño en posadas de arriería a la luz de un candil, mientras mi padre ataba a su hijo a la retranca de la enjalma para trepar por los caminos sinuosos, y cuidaba la mulada y las muchachas de las fondas. Más tarde complementé mi preparación académica como asistente de una anciana y robusta maestra que, hizo de mi caligrafía un alarde del barroco florido hispanoamericano. Pero no me podían matricular en la escuela, por no tener la edad requerida de siete años. Quiero expresar que llegué siempre la víspera a la fiesta, del saber, por mi precocidad de arriería, que me convirtió, además, en pintoresco recitador en las veladas municipales, una mano a la izquierda, otra a la derecha para modular las cadencias del lirismo parroquial. Mis evocaciones infantiles me pintan godo, feo, católico y sentimental, como el Marqués de Bradomín de Valle-Inclán.
Desde entonces, contra Sócrates que no sabía leer y Marco Aurelio que no gustaba de leer, fui devorador de libros, primero de los clásicos en la colección Araluce para niños; después, los griegos y latinos en griego y en latín, aprendidos en un gélido seminario para curas, del cual fui expulsado, con razón, por mi temprana heterodoxia, no obstante militar herencialmente en la derecha; más tarde, los clásicos europeos, empezando por el siglo de oro español, y en él, por Lope, Quevedo, Góngora, Garcilaso. Y desde luego, Cervantes y don Quijote. Enseguida y siempre, por los años de los años, gustarlos, degustarlos y enseñarlos.
III.- Los libros íntimos.
Por consiguiente, el Premio que se me discierne, exalta en el segundo de los veintidós hijos del mismo padre y la misma madre, nacidos año tras año por el subdesarrollo y, año tras año muertos 17 de ellos también por el subdesarrollo, el Premio exalta antes que nada el amor de aquel sobreviviente, por la lengua española y por sus libros íntimos.
Los cuales ahora se han mudado del exiguo anaquel familiar a la procela ancha y sabia de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín, la capital de Antioquia (Colombia), en donde el autor se encontró con el saber desinteresado: todo, ello sí, a imitación de lo que un día hiciera con su incomparable biblioteca don Marcelino Menéndez Pelayo, al donarla a su ciudad nutricia, Santander, con las mismas precisiones que hiciera el sabio montañés. La generosidad, la amistad y la brillantez de la pluma de Juan Luís Cebrián, han magnificado las breves calidades del galardonado, para elevar la medianía de sus merecimientos.
IV.- El entretenimiento.
Por consiguiente, es visible que lo que la UIMP escruta en mí es la cultura de la arriería, dentro de la cual los versados muleros, faltos de toda ignorancia, como ellos dicen de sí mismos, entretenían al infante, imitando, sin saberlo, la manera como Don Quijote le ofrecía al enamorado Cardenio, “más de 300 libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida”.
Así nos entreteníamos, allá en los Andes, con las palabras incipientes de nuestra lengua, viajeras al mestizaje con la lengua castellana, a la que aportaban resonancias inéditas, transidas de almas panteístas.
El filólogo colombiano don Marco Fidel Suárez, quien fuera presidente de mi país hace cerca de un siglo, escribía con justeza, que las palabras tienen alma. Y que si lo más esencial del alma es el pensar; si la diferencia exterior del hombre no son la risa, ni las lágrimas, sino la palabra; si los pueblos no se acaban sino cuando su lengua acaba, podemos decir que el pensamiento es el alma, la palabra es el hombre y la lengua es la patria.
Yo agrego que las palabras tienen alma marinera. Como si quisieran repetir el asombro que los primitivos pobladores de América sintieron al ver llegar las naves descubridoras de mundos, las palabras quisieron también embarcarse. Por eso el primer vocablo chibcha que se salió de aquella lengua aborigen y viajó a la lengua castellana, desnuda, su cuerpo pintado apenas a tramos como para colorear el pensamiento, fue la palabra canoa, esbelta y orgullosa, con ansia de gozoso ayuntamiento con la lengua española.
En efecto, al fenecer el siglo XVI las autoridades de la Corona en el Nuevo Reino de Granada, dispusieron que para mejor enseñar la doctrina cristiana, los misioneros debían aprender las lenguas indígenas. Para lo cual ordenaron la elaboración en diez años, de una gramática chibcha. En dos años la elaboró un dominico nacido en Santafé de Bogotá, que había aprendido la lengua muisca, mosca o chibcha.
El primer Soneto que escribió Fray Bernardo de Lugo, en 1619, para introducir su “Gramática en la Lengua General del Nuevo Reyno, llamada Mosca”, es éste:
“Quién eres tú que tan lixera buelas?
La lengua chibcha soy. ¿A do caminas?
Del Nuevo Reyno, a tierras peregrinas,
que tendrá mis verdades por novelas.
Dizes muy bien que a todos nos desvelas
con tu profundidad, dí que imaginas?
Que estudiando sabrás lo que adivinas,
que el docto Lugo preside en mis escuelas.
Púsome en arte siendo yo intricada,
y de Chontal me hizo tan ladina,
que causo admiración al mundo todo.
Por él pienso quedar eternizada,
y su opinión de oy mas será divina,
que él solo alcanza mi substancia y modo.”
La Lengua chibcha soy, dice con jactancia, al saber que de Chontal -es decir que no sabía la lengua castellana-, la hizo tan ladina -o sea que ya sabía castellano-, que en él piensa quedar eternida: eternizada en el mestizaje con la lengua de Castilla. El poeta Eduardo Carranza dice que en Colombia los ríos hablan español y el silencio calla en español. Y Gabriel García Márquez agrega que Colombia escribe en español. ¡Por fortuna!
V.- El asombro.
El uso del español lleva a desplazarnos por las palabras y la vida, por entre las gramáticas y las armas, derivadas de los laberintos y vínculos de los seres de Indo-América y España.
Este lenguaje hermoso fluye como arroyo que no cesa, de remotos manantiales, entre ellos desde luego el latín del cual se fue desprendiendo con parsimonia, y de los componentes septentrionales. Pues ya se sabe -dice Suárez-, que la mera sílaba ba ofrece como góticas las palabras baile, bajo, bala, balde, banda, barranco, baranda, barrunto, basto, bastimento, batir. Y mucho Más copioso, aún es el afluente de voces meridionales o arábigas que penetraron a España durante la dominación musulmana.
De ello hablé hace algo más de un año en Sevilla y Montevideo, en Seminario dirigido por el profesor García Delgado, con palabras que quiero analizar y complementar en este escenario.
El alma de nuestros vocablos está asociada a su vecindad con el corazón, las plantas, los planetas y las realizaciones de la creación y de la mente humana. Lo cual permite reconocer en las expresiones del español, una gran preocupación, en particular en Iberoamérica: se sabe que es primera lengua en Puerto Rico; que es segunda lengua en Brasil; y que para más de cincuenta millones de personas en los Estados Unidos, es primera o segunda lengua.
Asimismo, es sabido que permite establecer en las expresiones dialectales, una potencia de asombro, armonía y libertad.
Asombro fue lo que sintieron los descubridores españoles al llegar a Yucatán, cuando los jefes mayas, abriendo quizá el Popol Vuh o el Chilam Balam de Chumayel, les dijeron: “Ah, y es que los señores visitantes también tienen libros, como nosotros?”
Qué libros llevaban consigo los navegantes españoles de los siglos XV y XVI? Talvez el Imago Mundi con más de 800 observaciones al margen, en latin, que hacía las ensoñaciones del Gran Almirante de la Mar Océana y que Colón a nadie enseñaba, ni a su hijo. Quizás el Libro del Buen Amor, escrito en cuaderna vía amoroso y picaresco por el Arcipreste de Hita; o cualesquiera cantares de Gil Vicente o del florido Marqués de Santillana, o del dolorido Jorge Manrique; en ningún caso El Quijote, cuya primera parte aparecería en 1605 en Madrid, y la segunda en 1615, también en esa ciudad.
Aquellos testimonios rendían además homenaje al papel en que se hacían los libros y a la letra de imprenta con la que se escribían, a pesar de los comentarios que recogen los cronistas de los tiempos de la invención de Gutemberg en la mitad del siglo XV en Maguncia, de que aquella fracasaría porque la gente no sabía leer.
VI.- Los trapos viejos.
La difusión de la belleza y elegancia de nuestro idioma, está asociada a un elemento que es regalo de la naturaleza y elemento para gentes con dotes artísticas, buen gusto y laboriosidad, como los artesanos: me refiero al papel.
Don Alfonso X, el Rey Sabio, escribió en las Siete Partidas, que existen unas palabras para ser dichas, y que otras deben ser escritas “en pergamino de cuero e quales en pergamino de paño”, para que no se dispersen en la arena, en el polvo o en el agua. Así, pues, las palabras se proyectan en la duración del tiempo, a través de formas de hojas que van constituyendo las texturas de los relatos y contenidos del español.
Esta aventura ha tenido momentos estelares. Uno de ellos fue hace más de 2000 años cuando Taxi-Lun, ministro de economía del Emperador de la China, inventó un procedimiento de maceración de cañas de bambú y cortezas de árboles, para extraer materia escriturable. En Europa se comenzó a utilizar desde finales del siglo VIII, porque el invento se mantuvo secreto hasta cuando los árabes lo descubrieron, por medio de sus prisioneros en Persia.
Y España fue la primera nación europea que heredó este preciado material, a través de los musulmanes. Se ha podido documentar, por ejemplo, que Aben Masaifa fue quien levantó la primera fábrica de papel en Játiva (Valencia), en 1004, empleando trapos viejos y paja de arroz.
Antes del descubrimiento de América, la industria del papel llegó a ser tan importante entre los mexicanos, que había pueblos que entregaban cada año grandes cantidades de papel como tributo a sus reyes.
En la actualidad en Iberoamérica se confeccionan millones de “manos” y de “resmas” de bellas hojas que, antes de recibir la impresión a que están destinadas, constituyen gozo para el tacto y para la vista.
Es lo que hacemos en la colonial Barichara, dormida desde comienzos del siglo XVIII en los Andes colombianos, en el taller de papel hecho a mano a base del fique, el henequen, la hoja de piña y el tallo del tabaco, que antes se quemaban y ahora los elabora, golpeando la fibra con mazos de madera hasta licuarla a la usanza antigua, una cooperativa de mujeres, algunas de origen indígena guane, de los que reciben al visitante así de dulcemente: “Mi cariño lo saluda”.
VII.- El ser palpitante.
En los pozos en donde aquella fibra licuada espera el molde cernidor, asoma de repente la hoja de papel en la cual se puede leer con ojos virtuales:
“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.
O se puede leer, virtualmente también:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”.
Instante a instante, las palabras van apareciendo, llamando y avisando.
Así era en los comienzos del idioma, allá por el año de 1207, hace ahora ochocientos años, en el monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos, donde Per Abbat se olvidaba un poco del latin y apelaba al árabe y al hebreo para convertir una tradición oral en el poema épico juglaresco El Cantar de Mío Cid, que a la madrugada decía: “Apriessa cantan los gallos / e quieren quebrar albores”. Se puede advertir cómo, a través del tiempo, se transmutan las metáforas en la interioridad de las palabras. Pues García Lorca diría en el Romance de la pena negra de su Romancero gitano: “Las piquetas de los gallos / cavan buscando la aurora,/ cuando por el monte oscuro/ baja Soledad Montoya”.
VIII.-La arrogancia del mestizaje.
De esa habla dulce y tierna, nos sentimos orgullosos al otro lado del mar.
Tan orgullosos nos sentimos, que hace treinta años, como embajador de mi patria, hablé con don Dámaso Alonso, entonces Director de la Real Academia Española, sobre la inequidad del Diccionario cuando, con arrogancia sutil, califica de americanismo o colombianismo o mexicanismo o argentinismo, entre otros, las innovaciones, modismos o barbarismos de nuestro lenguaje mestizo y bienamado; pero pasa por alto y hasta canoniza, disonancias españolas que con igual lógica debería calificar de españolismos. Me pidió algunos ejemplos y se los di: “Suba p’arriba, baje p’abajo, entre p’adentro, salga p’afuera. Subir es siempre para arriba, le dije, bajarlo es para abajo, salir lo es para afuera y entrar siempre es para adentro. Y eso por no hablar de la horrenda unión de las preposiciones a y por para denotar direccionalidad, en expresiones como “a por ellos”, jamás usadas en América y canonizadas por la costumbre y por el Diccionario de la Real Academia Española.
Suárez, notable filólogo de quien antes hablé, cuenta, que tenía escritos ciento veinte significados de las palabras marrullero o redomado, y cien de la palabra bobo. Igualmente los cambios de sentido que produce la palabra mayor, según que se anteponga o posponga a los vocablos días, edad, fuerza; el vocablo santo antepuesto o pospuesto a oficio, padre, días, tierra. Asimismo, las mutaciones de frases hechas y de refranes transladados de España a América, y, al contrario, por ejemplo, nuestro “el Mono de la pila” es, en España, San Juan de los Reyes; y nuestro “ensillar antes de traer las bestias” es en la península “aún no ensillades é ya cabalgades”. Otro tanto ocurre con los acentos americanos de frase, por ejemplo el superlativo en “hallé una flor más linda”, equivalente a lindísima. O los adverbios de modo formados en el Caribe colombiano con la agregación de la partícula mente a expresiones adjetivadas, así: graciasdiosmente, sindudamente. Y todo lo anterior, sin caer en la situación delincuencial de los prevaricadores del habla, según decía Cervantes.
Tal es, no la lengua común que nos desune según expresión del novelista chileno Jorge Edwards, sino el árbol nutricio que nos congrega, con sus ramazones enamoradas. Lo cual explica aquella anécdota tantas veces evocada, cuando los poetas españoles Leopoldo Panero, Luis Rosales, Agustín de Foxá, Luis Felipe Vivanco y el colombiano Eduardo Carranza, por los años cincuenta del siglo XX, viajaban de Bogotá a Tunja por el lomo de la Cordillera de los Andes, y se detuvieron en una fonda campesina a atemperar el frío con blandos aguardientes. El campesino que atendía los interrumpió así: “¿Porque los señores son españoles?” “Sí”, contestó Rosales. “Y Usted cómo lo supo?” El campesino replicó sin vacilar:”Pues por el dialecto que hablan”.
IX.- El lenguaje del Congresito de los niños.
Excelentísimo Señor Rector, Excelentísimos Miembros del Jurado, Excelentísimo Juan Luís Cebrián, distinguidas personalidades invitadas; señoras, señores:
En este momento y para terminar, cumplo encantado con una obligante sugerencia del Señor Rector.
Como se sabe, en marzo del año en curso se reunió en Cartagena de Indias el IV Congreso Internacional de nuestra lengua, en el cual se adoptaron decisiones importantes ante las nuevas exigencias tecnológicas.
Una semana antes se reunieron en Medellín las 22 Academias Nacionales, desde Filipinas hasta la antigua Guinea Española y la Academia Norteamericana, lo mismo que los Rectores de cerca de 100 Universidades Latinoamericanas, con la presencia de Sus Majestades los Reyes de España. Pues bien, la Fundación Santillana para Iberoamérica con sede en Bogotá, convocó el Congresito de los Niños en Medellín, al cobijo de la Universidad EAFIT. Por cinco días deliberaron a su aire, 15.000 niños y niñas de las escuelas populares de la ciudad. Al clausurarse, el Congresito Los niños y las niñas tienen la palabra, unidos por un sueño mágico de palabras locas, según su lenguaje, aprobó conclusiones que son un tratado de convivencia y solidaridad, un camino hacia la paz, algunas relacionadas con la lengua española.
Dijo el Congresito:
Nos gusta:
• Poder ver a nuestras familias, nuestros amigos y amigas;
• Reconstruir la capa de ozono y salvar a la naturaleza;
• Estar en una montaña que tenga un agujero de leche;
• Que nos escuchen y nos presten atención;
• Que nunca se acabe la sonrisa y que la alegría salga al exterior;
• Que los padres cambien maltratos por risas a carcajadas;
• Que todos los seres humanos sean más tiernos;
• Que no corten los sietecueros para que no se acaben;
• Que nunca se acabe el aguapanela y haya un mundial de peleas de gallos.
Dijo el Congresito:
No nos gusta:
• Que maten a los padres de los niños y a los animales;
• No ver a los papás;
• No escuchar cantar a los delfines y a las ballenas en el mar;
• Que los papás nos castiguen y nos peguen;
• No poder hablar con Dios;
• Que no nos dejen comer mucho chocolate;
• Perder amigos porque se tienen que ir a vivir a otros lados;
• Que nos molesten;
• Que nos digan mentiras;
• Que tengamos que trabajar mucho;
Nos gusta:
Los niños y las niñas del Congresito de la Lengua Española, Medellín 2007, queremos pedirles a las palabras que no sean usadas para herir y matar, para obligar, prohibir y regañar. Que se cambien por palabras mágicas para imaginar un mundo habitado por la alegría.
Queremos pedirles, a las palabras que se usen para llegar a acuerdos, para conciliar y para resolver problemas, no para dividir.
Queremos también que las palabras sean el medio para estudiar, para llegar al conocimiento, para aprender cosas nuevas cada día y para disfrutar de cuentos, poesías y canciones.
Nos comprometemos a hacer buen uso de las palabras, a respetarlas, a quererlas, a no olvidarlas y a cuidar de ellas.
Selección de palabras:
Después de un largo proceso de deliberación y acuerdo, definimos que las 10 palabras desempolvadas, aquellas que alguna vez fueron usadas, pero que se han ido olvidando son:
1. Ágape: fiesta que estrecha lazos de hermandad;
2. Cántaro: vasija para recoger agua;
3. Chéchere: algo viejo y deteriorado;
4. Embeleco: un capricho chiquito. Así llama mi mamá a los novios de mi hermana;
5. Embrollo: dificultad sin resolver;
6. Menjurje: ungüento, revoltijo;
7. Modorra: pereza;
8. Pipiolo: persona joven;
9. Pañolón: pañuelo grande que se ponen las señoras para ir a la misa;
10.Guete: contento con algo.
Nos comprometemos a incorporar estas palabras a nuestro lenguaje cotidiano y a promoverlas entre los amigos.
Los niños y las niñas del Congresito de la Lengua Española, Medellín 2007, después de un largo proceso de consenso y de trabajar en la construcción de nuevas palabras, definimos que las 10 mejores palabras inventadas para incorporar a nuestro lenguaje son:
fapigozo, expresión de felicidad;
murmulencio, murmullo que se oye en silencio;
tristesinra, tristeza que se siente con un huequito en la barriga porque sí;
pionilla, peinilla para sacar pioJos;
lunor, luz de luna;
hormonado, muchacho que come mucho;
fruspiro, suspiro que se pronuncia al bañarse con agua fría;
pinochada, insistencia;
lumpereza, pereza que da los lunes para ir al colegio;
Finalmente, los niños y las niñas del Congresito de la Lengua Española, Medellín 2007, después de comer y beber palabras, de pensar y discutir, acordamos que las 10 palabras más queridas de la lengua española son:
1. Chocolate
2. Música
3. Crispeta
4. Carcajada
5. Soñar
6. Fútbol
7. Mágico
8. Amigo
9. Montaña
10. Mamá
X.- El Español es un viaje.
Excelencias, Distinguidas personalidades invitadas, señoras y señores:
He aquí en su prístina e ingenua creatividad, la lengua que se marchita y la lengua que renace, se levanta y adquiere potencialidades de futuro.
Pienso ahora que, sueltas, mis palabras anteriores son tablas yertas. Y que unas con otras, hilvanadas, muestran perfiles de singladura y aire de velámenes.
Todo idioma tiene una historia y una geografía. El español es un viaje: viaje de penetración en otras hablas, como la inglesa en Estados Unidos.
Por todo lo cual en el denso Seminario de Sevilla, a pulmón pleno proclamé algo que me complace decir aquí y ahora: ¡que la tierra fue redonda primero en español!