La directora general del Instituto de la Mujer, Rosa Mª Peris, ha afirmado hoy en Santander que, si se “objetivizara” el acceso al mercado de trabajo, “las mujeres no tendríamos ningún problema para entrar, mantenernos o promocionarnos ya que se nos mediría a mujeres y hombres por los mismos criterios”.
En este sentido, aseguró que el “problema” es cuando otro tipo de indicadores entran a juzgar y lo hacen en detrimento de las mujeres ya que son “claramente discriminatorios”. Por ello, reconoció que “ojalá se midiera el mérito y la capacidad”.
Precisamente, durante la inauguración del seminario `Una sociedad en transformación: una ley para la igualdad´, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), recordó que, aunque las mujeres han demostrado “sobradamente” que tienen mérito y capacidad, no están llegando a la toma de decisión por el hecho de ser féminas.
“Hay que intervenir para evitar que el hecho de ser mujer sea el elemento que tire hacia atrás del avance profesional de las mujeres”, matizó Peris, quien abogó además porque no sea “excepcional” la presencia femenina en la toma de decisiones sino que “todas aquellas que valgan, quieran y puedan lleguen y no se queden rezagadas porque el sistema se lo pone muy difícil, que es lo que pasa hoy”.
Como ejemplo, la directora general del Instituto de la Mujer, explicó que, en la Administración General del Estado, donde se accede a través de una oposición que mide el mérito y la capacidad, el 60 por ciento de su base funcionarial está ocupada por mujeres. Sin embargo, señaló que, “cuando llega la libre designación de los altos cargos, pasamos de ser el 60 al 30 por ciento”.
Por todo ello, aseveró que, “cuando se mide el mérito y la capacidad, las mujeres no tenemos ninguna dificultad” al tiempo que concluyó que “el problema es cuando entra la libre designación, el nombramiento en el que hay otra serie de circunstancias en la toma de decisiones de quién llega a determinados puestos o quién no”.
En la misma línea, Peris afirmó que, mientras la igualdad sea una “quimera” de nuestra sociedad, la democracia estará “inacabada”, aludiendo a la Ley de Igualdad elaborada con el objetivo de garantizar la igualdad real efectiva y que, a su juicio, “nos ayudará a avanzar para conseguir una sociedad mucho más democrática y más moderna”.
De hecho, en su intervención en la UIMP, relató como esta norma nació en un momento en el que no sólo hay voluntad política sino que la igualdad ha entrado en la “agenda política”. Sobre los debates surgidos en torno a su contenido, recalcó que “el debate de cuotas sí cuotas no ya está superado”.
“La ley no habla de cuotas sino de participación equilibrada y, por lo tanto, no estamos fijando cuotas para nada ni para nadie”, comentó ante los alumnos del seminario a los que añadió que “en ese debate, una vez más sale el mérito y la capacidad” al tiempo que animó a leer la ley porque, según dijo, “en ningún artículo dice que sólo por el hecho de ser mujer, aunque no tengas capacidad, accedas a puestos de toma de decisión”.
Entre las medidas “importantes” de la ley destacó la obligación de negociar planes de igualdad que tienen sindicatos y patronal en aquellas empresas de más de 200 trabajadores. Una medida que calificó de “novedosa” porque, a su juicio, “los agentes sociales son quienes mejores conocen el mercado de trabajo, las estructuras de las empresas y quien mejor puede adoptar medidas concretas adaptadas a la realidad”.
Peris reconoció que, “probablemente, lo más fácil es elaborar la ley y lo más difícil que queda es ponerla en marcha”. Sobre todo, añadió, porque la parte más importante de la ley está fuera del alcance de decisión de la Administración y el propio Gobierno y tiene que ver con el mercado laboral. En ese sentido, avanzó que “estamos expectantes poniendo todos los instrumentos desde la administración para que efectivamente los convenios colectivos que se están negociando incluyan los planes de igualdad, facilitando que en el mercado laboral se incluya la igualdad.
Finalmente, terminó su intervención parafraseando a Martin Luther King, quien defendió en su momento que leyes anti-discrimación quizás no fueran a servir para cambiar el corazón de las personas pero sí legislar sobre sus comportamientos. En cierta medida, concluyó Peris, “la Ley de Igualdad pretende cambiar el corazón de las personas pero, hasta que alcancemos ese cambio, en un estado de derecho las leyes son las que marcan las reglas de juego y en este caso son para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres”.