La escritora malloquina Carmen Riera ha afirmado hoy en Santander que “internet es una maravilla”, ya que supone “la democratización de la cultura”, a pesar de considerar que ella y su generación son “emigrantes en relación a las nuevas tecnologías”. “Mi país no es el de internet, aunque yo lo use, no es mi tierra, mi tierra es la del manuscrito”, consideró.
La autora, que imparte esta semana en la UIMP el curso ‘Todos queremos ser Sherezade’, afirmó en rueda de prensa que el soporte “no importa, es una tontería”, añadiendo que “incluso el correo electrónico nos hace redactar y usamos menos el teléfono”. Recordó asimismo que el carácter telegráfico de los mensajes “ya estaba inventado en los manuscritos”, un método que calificó de “comunicación aplazada”.
Riera destacó que la literatura española actual vive un momento “tan bueno o tan malo” como el de otros países europeos, aunque resaltó sentirse “menos interesada” en las creaciones que tratan de las preocupaciones de los jóvenes porque, en su opinión, “no intentan la búsqueda mínima del rigor estilístico”. Aunque matizó que “no tiene porqué escribirse de un modo literario”.
Consideró que “conseguir un estilo propio sigue siendo importante”, si bien apuntó que “muchas veces tienes que usar un estilo más funcional” según la historia que se desarrolle en la obra. Resaltó que durante la elaboración de su último libro, “una especie de ironía sobre la imposibilidad de aprender inglés” con tintes policíacos y de terror, ha eliminado párrafos “demasiado literarios”.
La escritora mallorquina señaló que “a veces decir algo de una manera muy sencilla, pero correcta, requiere dificultad”, afirmando que “seguro que Azorín tachaba mucho, a pesar de que usaba frases muy cortas”. La autora de ‘La meitat de l”ánima’ afirmó que “el adjetivo es la dificultad”, encontrar un calificativo que “no sea manido, que dé la clave”, ya que “el adjetivo para un escritor es un elemento fundamental”.
Riera aseguró que impartir el curso, enmarcado en el ciclo ‘El autor y su obra’, ha requerido la relectura de libros que escribió hace tres décadas, aunque “me parecía imposible que fueran míos”. Abrió el “abanico” a otros colegas “para no aburrirme”, en relación a los personajes, al espacio y al tiempo.
Consideró que “estamos necesitados de historias” y que mientras los periodistas “tratan de contar presuntamente la verdad”, los escritores “contamos mentiras directamente, para ir a la búsqueda de la verdad”. En su opinión, “en esos momentos no tenemos que ser tan ingenuos de pensar que puedo escribir un libro que cambie la vida a alguien”, aunque la posibilidad “me gustaría, pero no soy tan cretina de pensar que eso puede suceder”.
Sí defendió que la lectura de los libros “nos advierta sobre nuestra condición, nos ayude a entendernos a nosotros mismos y a entender el mundo”. Consideró que leer “nos va a hacer más felices, más conscientes de nuestra debilidad humana” y puso como ejemplo de lo contrario a Victoria Beckham “una cretina cuya máxima ilusión es gastarse en una tarde miles de euros”, una opción que le parece “muy desgraciada” y que muestra que “hemos perdido los papeles”.
Preguntada por la polémica de la Feria de Frankfurt, la autora, que acaba de publicar ‘Azorín y el concepto clásico’, aseguró que “hay que distinguir si la invitada es la cultura catalana o los libros que pueda escribir cualquier autor catalán”. Puntualizó que “quizá a veces ha tenido más repercusión la Barcelona que describe Eduardo Mendoza que la que pueda aparecer en un libro de Jaume Cabré”.
Añadió que “si la invitada es la lengua no caben más polémicas”, y se mostró partidaria de que a la feria alemana acudan autores castellanos “que nos pueden ayudar precisamente a los catalanes porque ellos son más conocidos”. Señaló que en Cataluña “están esperando que sea la consagración de su literatura en el extranjero y Frankfurt no es más que una feria donde se compran y se venden derechos”. Concluyó que descarta que “lleve a nadie al estrellato”.
