Santander, 25 de julio de 2008.- El ex primer ministro de Níger, Ibrahim Assane Mayaki, ha advertido hoy en Santander que “no habrá una reducción significativa de las migraciones sin un desarrollo rural importante en África”. En este sentido, aseguró que la solución “a largo plazo” está en la reducción de la pobreza y la creación de riqueza “dentro de los países donde se desarrolla la migración”.
Assane explicó que en zonas como Senegal, donde el 70 por ciento de la población vive en el medio rural, “si las inversiones en agricultura son bajas, las posibilidades de creación de riqueza son limitadas y los jóvenes emigran”. Asimismo, recalcó que se trata de “una responsabilidad compartida con los países del norte” porque los sistemas de ayuda tienen que tomar en cuenta este proceso de reducción de la pobreza, para que la gente “pueda desenvolverse de manera satisfactoria en el medio rural”.
El ex primer ministro, que participó en una rueda de prensa posterior a su intervención en el Seminario ‘Nuevas dimensiones en la política de desarrollo: el reto de la coherencia’, organizado por la UIMP, también hizo hincapié en la importancia de la “coherencia de políticas para el desarrollo y las políticas públicas de los estados donantes” porque, a su juicio, “muchas veces se contradicen”.
En su intervención ante los medios, afirmó que esta coherencia tiene una “importancia crucial” porque determina la eficacia de la ayuda que se ofrece y provoca cambios dentro de la estructura de los sistemas de cooperación y en el funcionamiento de los sistemas públicos de los países donantes. En la misma línea, subrayó que “implica la construcción de un diálogo con los países socios” para que se pueda llegar a establecer medidas “coherentes”.
Preguntado por los efectos del cambio climático, el ex primer ministro de Níger respondió que África será el continente que “más va a sufrir”, sobre todo, en la producción agrícola. Por ello, insistió en que esta cuestión “tiene que ser abordada como una temática mundial con soluciones mundiales”.
Por su parte, el Comisionado para la reforma de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Manuel de la Iglesia-Caruncho, agregó que las posibilidades que tienen los países “más desfavorecidos” de protegerse frente al cambio climático “son menores que los países desarrollados” y por ello apostó por “ayudarles”.
Respecto al fomento del uso de biocombustibles, Assane y De la Iglesia-Caruncho explicaron que en África, en el medio rural, “menos del 4 por ciento de la población tiene electricidad” y, por ello, insistieron en que la “gran necesidad energética que hay impide desarrollar la productividad agrícola”.
Assane y De la Iglesia-Caruncho avanzaron que producir energía en base a los biocombustibles, pero con plantas que no afectan la seguridad alimentaria “puede ser coherente”. No obstante, afirmaron que dedicar “tierras importantes” a la producción de bioetanol para exportar, sin tener en cuenta los intereses de los campesinos y el efecto sobre el medio ambiente, “sería una catástrofe”.
Por ello, concluyeron que “no hay que estar en contra de los biocombustibles sino que hay que decidir cuál puede ser el uso racional que beneficie a las poblaciones y que no tenga un impacto negativo sobre el medio ambiente”.
