Juan José Tamayo declara que la Iglesia católica “se mueve dentro de un comportamiento totalmente esquizofrénico”

 

            Santander, 30 de julio de 2008.- El director de la Cátedra de Teología y Ciencias de la Religión ‘Igancio Ellacuría’ de la Universidad Carlos III, ha declarado hoy en Santander que la Iglesia católica “se mueve dentro de un comportamiento totalmente esquizofrénico”, una actitud que denominó “incoherencia vaticana”.

En este sentido, explicó que la Iglesia “defiende” por una parte “los derechos humanos” y sin embargo “no lo reconoce en su interior”. Así lo manifestó en una rueda de prensa previa a su participación en el ‘Ciclo de Derechos Humanos’ de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en la que intervino junto a la teóloga y presidenta de la Asociación para el Diálogo Interreligioso (ADIM), Margarita Pintos.

Además, afirmó que la Iglesia está “desquiciada” debido a una “desubicación”, ya que, a su juicio, “da respuestas del pasado a preguntas del presente” y ese es “el pecado original” de las religiones, que “siguen ancladas en una concepción del mundo mítica y de la persona sometida”.

Tamayo se refirió también al “descenso de la creencia” que se ha producido en los últimos cuarenta años. “El proceso de secularización de la Iglesia ha generado increencia”, y por ello, de forma “bastante generalizada la gente apostata”, manifestó. Además, el teólogo expuso que la comunidad “ha comenzado a expresar públicamente el rechazo” a la institución, hecho que consideró “muy grave” para el organismo eclesiástico.

El autor de ‘Adiós a la cristiandad’, por otro lado, relató que las religiones “nunca se han llevado bien con los Derechos Humanos”, hasta el punto de que en la historia “casi siempre ha habido un conflicto de incompatibilidad”. Tamayo atribuyó este problema a que las creencias religiosas “se mueven por el paradigma de los deberes” y, sin embargo, los derechos lo hacen “por el paradigma del reconocimiento de la dignidad de los seres humanos”.

Sobre la figura de María Magdalena, el teólogo consideró que “debería rehabilitarse” como “primera discípulo de Jesús y primera testigo de la resurrección”, y explicó que los especialistas aseveran que “sin Magdalena el cristianismo no habría continuado”. “Es una lideresa”, apostilló Tamayo.

Por su parte, Pintos se refirió a las funciones de la mujer dentro de las tradiciones religiosas. A su juicio, “han asumido su papel sin que se lo den” y consideró que “si esperamos a que alguien nos proporcione algo, no nos moveríamos nunca”. Además, la teóloga puso en duda que la Iglesia católica “tenga un debate” sobre este tema.

Igualmente, afirmó que la religión “ha reforzado el machismo” al posicionarse “del lado del poder patriarcal”, aunque puntualizó que “ha sido en contra de sus principios”, que en sus comienzos “eran igualitarios”. Como ejemplo, relató que en la tradición cristiana “Jesús tenía un discipulado de hombres y mujeres” y, sin embargo, “sólo nos ha llegado que tenía doce apóstoles”.

En este contexto, la teóloga feminista aludió al “liderazgo” de María Magdalena, el cual “ha sido secuestrado por la jerarquía” debido a que, según dijo, “no le venía muy bien apoyar al patriarcado social”.

Por último, Pintos habló sobre el Santo Grial y relató que una de las tesis que se defiende es que “es el hijo de Jesús en el vientre de María Magdalena, que sigue la generación”. “Es la verdadera sangre y no una copa”, añadió.

“Lo normal sería que Jesús estuviera casado y no que fuera célibe y soltero”, afirmó Pintos,          “pero las mujeres somos cuerpo de pecado”, por lo que “un fundador de religión no podría tocar ningún cuerpo de mujer”, concluyó la teóloga.