
Santander, 30 de julio de 2008.-El escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua Luis Mateo Díez ha considerado hoy en Santander que “la madurez” le ha hecho “valorar más los sentimientos que las ideas”. En este sentido, el autor de ‘Fantasmas del invierno’ señaló que “hay mucho desgaste de ideas y cierto olvido de los sentimientos”.
El autor, que dirige en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) el curso ‘Fábulas de la memoria y del sentimiento’, comentó en rueda de prensa que su última novela, ‘La gloria de los niños’, “está dedicada a una reivindicación de la bondad y de la inocencia”, a pesar de que a los escritores “nos gusta mucho más el lado oscuro de lo que somos”.
En su opinión, en literatura “tiene más éxito el mal que el bien”, por lo que explicó que le ha interesado escribir esta fábula donde “se reivindican los poderes de la inocencia y la bondad”.
Por otro lado, Mateo Díez alertó sobre la “excesiva propensión a la comercialización” de un tipo de novela. Una obra comercial, insistió “que conlleva elementos de trivialidad y reduce el reto de lo que puede ser una novela compleja para sustituirla por una tremendamente simplificada.”
En este sentido, indicó que los resultados “están siendo millonarios”, pero matizó que el público al que va dirigido este “sucedáneo” de novela “no lee y es poco exigente”. Así, el escritor hizo referencia a la novela de Dan Brown ‘El Código Da Vinci’, de la que afirmó que “un lector leído no lee ese libro porque nadie se lo cree y no tiene ningún valor literario”.
Para Mateo Díez es “curioso” que el equivalente de hace más de veinte años a la novela de Dan Brown sea ‘El nombre de la rosa’ de Umberto Eco, si bien matizó que entre ambas “hay un abismo de trivialización y una caída desmesurada”. En su opinión “ese conducto de búsqueda de productos degradados es muy propio de la sociedad en la que vivimos y ha contaminado también a la literatura por intereses mercenarios”.
El autor de ‘El paraíso de los mortales’ confesó sentir que “corren tiempos en que escriben las novelas escritores que no son novelistas para lectores que no son lectores”. En su opinión “lo malo es que el lector fiel, exigente y con criterio se ve abandonado por el editor”, de quien asegura que “ha hecho un corrimiento de tierra hacia la búsqueda de la novela extremadamente vendible”.
Por último, se definió como “un escritor de la memoria” porque quedó marcado por “la disyuntiva de vivir una infancia más cerca de la Edad Media que de la revolución tecnológica”. Así, continuó el novelista, el contraste de alguien que proviene de un “pasado lejano y que vive un presente extremadamente vertiginoso produce una tensión que procrea el resorte de la memoria como uno de los atributos fundamentales de la escritura, en conexión con la imaginación”.
