
Santander, 5 de agosto de 2008.- La profesora de Historia del Arte de la Universidad de Nueva York en Madrid, Carmen Ana Sierra Echevarría, ha reivindicado hoy en Santander la “vigencia” de Los desastres de la guerra por su “crítica” a los enfrentamientos bélicos. A su juicio, Goya lo consiguió con la “universalización” al no “concretar” ni el tiempo, ni el espacio, ni las figuras que aparecen en los grabados.
Sierra, que dirige el Encuentro ‘Francisco de Goya: Los Desastres de la Guerra en su contexto histórico’ en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), explicó que “la grandeza” de esta serie de 82 grabados se encuentra en “universalizar sin concretar” al “centrarse en la condición humana” y apreciar lo que el hombre “ha sido capaz de hacer ante situaciones límites” como la Guerra de la Independencia.
Sierra comentó que el pintor, nacido en la localidad zaragozana de Fuendetodos en 1746, “dejó de grabar porque no vendía”, pero retomó esta actividad al ser “una forma más libre, personal e íntima” de expresar “el horror” de la guerra, barbarie que no tuvo “necesariamente que presenciar” ya que pudo llegarle por medio de “amigos, discípulos o conocimiento popular”.
La directora del curso expresó que el Encuentro busca “desentrañar algunas de las incógnitas” que hay detrás de Los desastres, ya que son “tan complejos y distintos” que se ha creado “una gran leyenda” a su alrededor.
Sierra explicó que esta obra tiene una estampa que hace de “frontispicio” y tres grandes bloques temáticos que “cuando Goya los grabó, no tenían orden”. El primero es sobre asuntos bélicos como “diferentes formas de muerte y tortura” y el segundo sobre “la gran hambruna” de Madrid ente los años 1811 y 1812.
La profesora comentó que, en su opinión, la tercera parte es “la más compleja y de más difícil solución explicativa porque está llena de alegorías y simbolismo”. Explicó que esto se debe al uso de “animales parlantes que representan la hipocresía o la falta de dignidad”, además de fieras apocalípticas que el artista “va cogiendo de diferentes fuentes para crear estos caprichos enfáticos” que son, en su opinión, “una brutalidad con disfraz” por su crítica al absolutista Fernando VII y al clero.
Sobre la posición de Goya en la Guerra de la Independencia, Sierra explicó que “no toma partido” ni por los franceses ni por los absolutistas sino “por los indefensos”. Por esta razón, desde su punto de vista, tardan en publicarse hasta el año 1863, pese a que los comenzó a pintar en 1810 y terminó en 1814, 1820 ó 1824, ya que hay “discrepancias” sobre esta fecha.
También aludió a dos razones en la tardanza al publicar los grabados. La primera, que “no hubieran durado dos días” por la crítica al absolutismo y al clero; y la segunda, explicó Sierra, la dificultad de que en esa época alguien hubiera comprado “unos grabados tan críticos, tan monstruosos y llenos de una violencia tan directa”.
Asimismo, la profesora se refirió a la postura “ilustrada” de Goya en la guerra, ya que “creía en la democracia y en los derechos del hombre”. Concretó que el pintor aragonés “estaba de acuerdo con los progresos que trajo Napoleón pese a considerarlo como un invasor”.
En este sentido explicó que Goya “quería estar en España”, y de hecho “se quedó” después de la guerra. Pero con la llegada de los 100.000 hijos de San Luis en 1823 para derrocar al liberal Riego, Goya “no pudo más” y se fue a Francia, “sin huir” puesto que siguió cobrando la pensión en España, donde falleció en 1828.
