
Santander, 6 de agosto de 2008.- Los arquitectos y profesores de la Universidad de Valladolid y de Roma, Rubén García y María Margarita Segarra, respectivamente, han asegurado hoy en Santander que en las próximas décadas habrá que responder “forzosamente” a los “excesos de la vorágine arquitectónica”, responsable, en su opinión, de las “grandes obras faraónicas” que se han construido en los últimos años.
García, que esta semana dirige en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) el Curso ‘Arquitectura Sustractiva‘, incluido dentro del ‘Proyecto Imaginando: Una mirada jóven a la frontera del conocimiento’, afirmó en rueda de prensa que este fenómeno ha llevado a los países “menos desarrollados” a tratar de emular a las “grandes potencias industrializadas”.
En este sentido, Segarra puso como ejemplo los Juegos Olímpicos de Pekín que calificó como “un verdadero catálogo de arquitecturas absolutamente grandiosas” de las que “seguramente, China tendrá que rendir cuentas dentro de unos años”.
La profesora de la Universidad de Roma insistió en que la arquitectura se ha convertido en las últimas tres décadas en “protagonista de la escena mundial” ya que, a su juicio, “los países han emprendido una competencia para poder contar con obras de arquitectos famosos, que entren a formar parte del circuito mundial”.
Esta tesis fue defendida por García, quien se refirió al Guggenheim en Bilbao como muestra del “museo estandarte” que “todos los políticos quieren tener para mostrar la cara de su ciudad en el exterior”.
Este docente universitario recordó que la arquitectura “siempre ha representado al poder” y ha tenido una carga ideológica “importantísima”. No obstante, destacó que “solamente” desde la segunda mitad del siglo XX empezó a ser “un fenómeno globalizado”.
También de la globalización y de su incidencia “significativa” en la arquitectura habló Segarra, quien advirtió que “muchas veces” las transformaciones que se operan en el patrimonio -arqueológico, histórico o arquitectónico- “en nombre de una malentendida restauración u operación de aparente salvaguarda”, en realidad, “ha llevado a perder la identidad y autenticidad de aquellos lugares en los que se ha intervenido”.
Por ello, la profesora abogó por trabajar “mucho” para modificar los hábitos de la gente y crear una “conciencia mayor”, para que las personas sean capaces de responsabilizarse de “ese pedazo de suelo que tienen” y lo conserven “de la forma más racional para el interés colectivo”.
