
Santander, 11 de agosto de 2008.- El catedrático de Literatura Española de la Universidad de Salamanca Fernando Rodríguez de la Flor ha afirmado hoy en Santander que “la llegada de una modernidad agresiva está desorganizando grandes conjuntos de la vida social”.
Así lo señaló en una rueda de prensa previa a su participación en el seminario ‘Elogio de la fractura. La nueva organización de los saberes y las disciplinas en tiempo de crisis’ que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), junto con el profesor Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro de la Real Academia Española de Bellas Artes de San Fernando, Antonio Fernández Alba.
Según el catedrático, “nos encontramos en un momento crítico” en el que debido a “una sobremodernidad sobrevenida”, los saberes tradicionales y las viejas técnicas “están entrando en una crisis acelerada de las disciplinas tal como eran concebidas”, una situación que implica una “fractura” con el pasado.
“La fractura debe superarse y suturarse”, aseguró Rodríguez de la Flor, quien aprovechó para hacer una llamamiento a “la necesidad de reformular nuestro mundo en términos operativos” y hacerlo “sin connotaciones de melancolía y sin depresión”.´
Por su parte, Fernández Alba consideró que “a pesar de haber obtenido muchas conquistas y muy poderosas”, la sociedad actual está “en una situación de tensión”. Por ello, abogó por “analizar las posibilidades” de esas “innovaciones positivas” y así, “tranquilizar la conciencia del desastre que nos rodea”.
El miembro de la Real Academia Española de Bellas Artes de San Fernando añadió que en el siglo XXI “hemos entrado en una cultura diversa y heterogénea en la que hay que racionalizar los conocimientos”. Por ello, propuso como principal solución “aceptar e interiorizar el cambio”, ya que consideró que “estamos sometidos a un proceso de evolución permanente, sin fin”.
Finalmente, enumeró las causas de la mencionada “crisis de lo tradicional”, entre las que destacó “el desarrollo de una sociedad totalmente mercantilizada, los procesos de la organización política” y, por último, “los propios traumas que plantea este desarrollo incontrolado”, concluyó Fernández Alba.










