Victoria Camps considera que “la misión” de un filósofo es “ayudar a encontrar el sentido común para abordar los problemas que tenemos”

 La ministra Garmendia aboga durante la entrega del XXII Premio Internacional Menéndez Pelayo porque el pensamiento ético y filosófico se mantenga como “uno de los pilares fundamentales” de la cultura

 

Santander, 19 de agosto de 2008.- La catedrática de Ética en la Universidad Autónoma de Barcelona, Victoria Camps, ha señalado hoy en Santander que “la misión” de un filósofo es “ayudar a encontrar el sentido común para abordar los problemas que tenemos”.

Así lo ha indicado en el acto de entrega del XXII Premio Internacional Menéndez Pelayo, con el que la institución ha querido reconocer su magisterio filosófico y la influencia moral de su pensamiento tanto en España como en América, en el que subrayó la importancia de la actividad de los filósofos ya que, a su juicio, “ayudan a dar a luz las mejores reflexiones”.

La ceremonia celebrada este mediodía en el Paraninfo de La Magdalena estuvo presidido por la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, y contó además con la intervención del alcalde de Santander, Íñigo de la Serna; el presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla; el rector de la UIMP, Salvador Ordóñez, y de la catedrática de Filosofía, Moral y Política, Amelia Valcárcel, encargada de glosar la laudatio.

Tras recibir esta distinción, Camps elogió la figura de Marcelino Menéndez Pelayo al que definió como un “maestro” que a pesar de no sentir un gran aprecio por la filosofía española, a la que consideraba “inexistente”, merece en su opinión “un gran respeto por su pasión por el trabajo riguroso y su decencia intelectual”.

La filósofa y docente manifestó su “gratitud y sorpresa” ante el premio e hizo hincapié en la “satisfacción” que, a su juicio, representa el hecho de que el premiado en esta vigésimo segunda edición sea “una mujer”. En este sentido, añadió que la distinción permite comprobar que “el famoso techo” que durante siglos ha impedido a las mujeres “escalar” las alturas es “cada vez más frágil y llegará a romperse definitivamente”.

Por su parte, la ministra de Ciencia y Tecnología abogó porque el pensamiento ético y filosófico se mantenga como “uno de los pilares fundamentales” de la cultura, para que “continúe aportando las herramientas necesarias para una convivencia más justa, solidaria y capaz de profundizar en los valores de la democracia participativa”.

En este sentido, incidió en que las sociedades contemporáneas se desarrollan en un contexto “cada vez más complejo, globalizado y dependiente de la tecnología” que, en su opinión, “comporta innegables beneficios, pero también nos expone a nuevos retos e incertidumbres”.

Garmendia añadió que en este “paradójico escenario”, que avanza hacia un progreso que persigue un mayor bienestar para el ser humano, pero que a veces camina al filo de la deshumanización, confiere una mayor relevancia la obra y magisterio de Camps cuyas aportaciones “constituyen un valioso patrimonio a la cultura española y una notable contribución de nuestro país a la cultura universal”.

La filósofa Amelia Valcárcel, encargada de glosar la laudatio de la premiada, definió a Camps como “una de las más destacadas figuras de la filosofía actual”, una pensadora de la democracia “nacida en una dictadura peculiar de tintes fundamentalistas”.

Además, recordó los 40 años que la premiada “ha trabajado para todos con inteligencia y equilibrio” en asuntos “enrevesados” de la teoría moral y de la política contemporánea y destacó las décadas que Camps lleva produciendo “novedad y buenos modos en el seno de nuestra convivencia”.

Valcárcel, quien destacó su amistad con Camps, calificó a la homenajeada como “un imprevisto maravilloso”, una persona que “simplemente estando cambia y mejora el lugar en que se instale”.

También el alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, quiso elogiar la figura de la homenajeada “además de por su magisterio filosófico, por su comportamiento humilde y discreto”. Asimismo, destacó a Eulalio Ferrer como impulsor de esta convocatoria anual, “que ha llevado el nombre de Santander y de la UIMP por todo el mundo”.

En su discurso, el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla alabó la labor de Camps en favor de ideales como “la solidaridad y la tolerancia; su defensa del Estado de Bienestar, o sus argumentos en favor de la igualdad de oportunidades y la justicia distributiva dirigida a los colectivos más desfavorecidos”. Una lección, añadió, que “todos debiéramos seguir como alternativa a la deshumanización y a la pérdida de valores que tantas veces aquejan al mundo moderno”.

Por último, el rector de la UIMP afirmó que “el jurado ha valorado el discreto proceder de la profesora en el ejercicio del magisterio, especialmente a través de sus libros, que constituyen una aportación fundamental”. En este sentido, Ordóñez aseguró que en la homenajeada “se aúnan el rigor académico y el compromiso social con el fin último de promover la convivencia en libertad”.

Al acto de entrega del XXII Premio Internacional Menéndez Pelayo asistieron, entre otros, el delegado del Gobierno en Cantabria, Agustín Ibáñez; la vicepresidenta regional, Dolores Gorostiaga; el presidente del Parlamento de Cantabria, Miguel Ángel Palacio; la consejera de Educación, Rosa Eva Díaz Tezanos; el rector de la Universidad de Cantabria, Federico Gutiérrez Solana; diputados regionales y algunos miembros de la Corporación municipal de Santander, así como la presidenta de la Asociación Plaza Porticada, Elena García Botín.

El Premio Internacional Menéndez Pelayo es un reconocimiento que la UIMP entrega desde el año 1987 y que tiene por finalidad distinguir a personalidades destacadas en el ámbito de la creación literaria o científica, cuya obra escrita presente una dimensión humanística capaz de evocar, en nuestros días, la del polígrafo cántabro (Santander, 1856-1912).

Dotado con 48.000 euros en metálico, el premio incluye, además, la concesión de la Medalla de Honor de la institución académica que financia el presidente de la Fundación Cervantina, Eulalio Ferrer.