
Santander, 26 de agosto de 2008.- El catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Cantabria y de la Universidad Carlos III de Madrid, Javier Álvarez, ha asegurado hoy en Santander que la diferencia jurídica entre España y Europa “no está en las leyes sino en la existencia de una democracia asentada”.
Álvarez, quien participa como profesor en un Curso de Español para Extranjeros en el Campus de Las Llamas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), recordó que España tiene una cultura democrática “reciente, de apenas 30 años”, frente a “democracias asentadas” con costumbres de pluralismo “asimiladas” como las que existen en determinados países de Europa.
El ex vicerrector de la UIMP durante el rectorado de Ernest Lluch calificó como “neófita” la democracia española debido a que “una parte importante” de sus habitantes ha nacido y se ha educado en tiempos de la dictadura de Franco.
Sobre el tiempo que necesitará España para ponerse al nivel del resto de Europa, Álvarez señaló que no cree “en milagros”. A su juicio, los políticos se deben educar “enormemente” en cultura democrática, pero también los ciudadanos deben avanzar en esta educación.
Sin embargo, el catedrático resaltó como aspecto “muy avanzado” de la jurisdicción española la Constitución de 1978, ya que las leyes supremas del resto de países europeos son “muy anteriores”.
Por ello, Álvarez consideró que España tiene un marco jurídico “mucho más moderno”, que permite “un mayor dinamismo”. Además, señaló que gracias a las instituciones de la Unión Europea la legislación “se va uniformando”.
En este sentido explicó que la homogeneización jurídica de la UE “llevará muchos años” aunque ahora mismo es “buena” debido a la “actividad” de la Comisión Europea. Por ello, resaltó que en la Unión Europea “hay un objetivo político” y no solamente “el puro mercantil”.
Álvarez se mostró optimista sobre la unificación política de Europa ya que “se ha avanzado tremendamente” aunque “hay que seguir trabajando” puesto que “lo más importante para una unificación no es tanto el marco jurídico como la cultura”, sobre la que explicó que cada vez es “más común”.
Como ejemplo del avance que se ha producido en la unificación, citó la “saña” con la que “se mataron” Francia y Alemania en la Guerra Franco-prusiana, entre los años 1870 y 1871, y en las dos guerras mundiales, de 1914 a 1918 y de 1939 a 1945, algo cronológicamente cercano, pero alejado de la realidad actual.
Respecto al proceso unificador del viejo continente reconoció que se entiende “mejor” con los franceses o los portugueses que con gente que habla su misma lengua en Perú, ya que los primeros son “vecinos”.
