Mariasun Landa compara el libro con “un ave que no sabes muy bien dónde se va a posar” y que “puede llegar a sitios insospechados”

 

            Santander, 26 de agosto de 2008.- La escritora Mariasun Landa ha comparado hoy en Santander el libro con “un ave que no sabes muy bien dónde se va a posar” y que puede llegar a sitios insospechados” por lo que, ha considerado, “tiene una parte mágica maravillosa”.

“Cuando escribes un libro estás lejana a pensar a quién llegará”, señaló Landa en una rueda de prensa previa a su participación en el Ciclo ‘Martes Literarios’ que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Por ello, insistió en la importancia de “ser traducido” que, para la escritora, “es una de las experiencias más bonitas que puede tener el autor”.

La autora galardonada con el Premio Lizardi de Literatura Infantil en euskera explicó que la traducción literaria “crea una inquietud desde el punto de vista del autor”, ya que, en su opinión, el escritor “siempre quisiera controlar un poquito el proceso”.

Por otro lado, la creadora de ‘Txan Fantasma‘ reconoció que es “consciente” de que al escribir en lengua euskalduna “pertenezco a una literatura minoritaria” que, según concretó, “tiene unas ofertas, un lectorado y unos mecanismos restringidos”.

En este sentido, la ganadora del Premio Euskadi de Literatura Infantil y Juvenil explicó que los escritores que escriben “exclusivamente” en castellano, “gozan de todas las oportunidades que proporciona la lengua mayoritaria”. Sin embargo, los que escriben en euskera “a niveles más locales tienen más cancha, más chance para publicar allá”.

Landa también se refirió a su último libro titulado ‘La fiesta en la habitación de al lado’, un “relato autobiográfico” que narra su primer año en París, cuando tenía diecinueve años. Según dijo, esta obra ha supuesto “la realización de un proyecto deseado” que, además, “contiene las claves de lo que posteriormente fue mi trabajo literario”.

Así, la autora de ‘Alex‘ relató que “nada me hacía pensar que me fuera a dedicar a la literatura infantil” y precisamente fue durante su estancia en la capital francesa cuidando niños, “cuando me di cuenta de lo fácil que me comunico con ellos” y donde, además, “descubrí esta labor de arqueología sentimental”.