Sede donde se gestiona
Santander
Lugar de impartición
Santander - Península de la Magdalena
Dirección
Violeta Miguel PérezInspectora de Educación en Madrid
Doctora en NeurocienciaJaime Boga DíazInspector de Educación en MadridORGANIZADO EN COLABORACIÓN CON

Descripción de la actividad
¿Puede la neurociencia y la neuropsicología cambiar la educación? Las tecnologías de imagenología permiten la observación del cerebro en funcionamiento, lo que ha significado una comprensión de las funciones perceptuales, cognitivas y emocionales, que tienen consecuencias para la educación.
Estudios, como el de la OECD (Organisation for Economic Co-operation and Development) 2007, publicado en el CERI (Centre for Educational Research and Innovation), titulado: Understanding the Brain: The Birth of a Learning Science (OCDE, 2007), reflejan la gran aportación que supone la neurociencia a la educación actual. En este estudio participaron expertos en neurociencia y educación de países de la OECD: Australia, Austria, Belgium, Canada, the Czech Republic, Denmark, Finland, France, Germany, Greece, Hungary, Iceland, Ireland, Italy, Japan, Korea, Luxembourg, Mexico, the Netherlands, New Zealand, Norway, Poland, Portugal, the Slovak Republic, Spain, Sweden, Switzerland, Turkey, the United Kingdom and the United States. La Comunidad Europea formó parte en el trabajo publicado.
Los descubrimientos de la investigación científica pueden ayudar a todos los agentes involucrados en la educación: padres, profesores, alumnos y políticas educativas:
En el Informe se explica toda una serie de conocimientos neurocientíficos actuales que pueden dar lugar a nuevas prácticas educativas. La neurociencia no nos da respuestas para todo, pero abre nuevos horizontes y, al mismo tiempo, sirve para confrontar y reafirmar otros ya existentes.
En definitiva, todo aprendizaje modifica el cerebro. La educación es un mecanismo de modificación guiado del cerebro. Dado que la educación es un acto intencional, aquí radica la trascendencia de la neurociencia. Si somos profesionales del aprendizaje, si sabemos que el aprendizaje modifica el cerebro entonces debemos saber que el fundamento epistemológico y científico de nuestra práctica docente es la neurociencia, y otras ciencias que están surgiendo a partir de ella.
En nuestro ámbito educativo es digno dejar constancia de la neurociencia cognitiva, que se centra más en el estudio de los procesos mentales superiores como el pensamiento, la memoria, la atención o los procesos de percepción complejos; trata de investigar y demostrar qué áreas corticales se activan más al realizar una determinada actividad perceptiva, cognitiva o motora (Posner & Raichle, 1994).
El proceso de aprendizaje es posible por la neuroplasticidad del cerebro. La neurociencia nos indica que el cerebro va cambiando y se va adaptando durante toda la vida. Tiene momentos críticos en que es más plástico, maleable, pero sigue siéndolo durante toda la vida. La neuroplasticidad transforma el cerebro de los niños facilitando y consolidando nuevos aprendizajes.
Durante la infancia se producen cambios evolutivos de gran importancia en el sistema nervioso y la neuropsicología infantil trata de analizar sus correlatos conductuales y cómo dichos cambios interactúan de un modo más complejo con las alteraciones bioquímicas o ambientales (Aylward,1997;Teeter,1997& Portellano, 2002).
¿Qué supone esto? ¿Qué nos aporta la neurociencia? Primero nos dice que el cerebro cambia con el aprendizaje. También que el aprendizaje es tanto o de mayor calidad cuanto mayor son las conexiones neuronales y cuantas más partes del cerebro se encuentran interconectadas por esas conexiones neuronales. También nos dice que todos aprendemos de forma diferente porque el cerebro va cambiando de forma diferente en unas personas y en otras: las experiencias son distintas y el procesamiento que hace el cerebro también es distinto.
La neurociencia nos enseña, además, que en este proceso de construirnos y aprender hay unas funciones denominadas funciones mentales superiores. Estas son la que nos permiten percibir la realidad, registrar la información de esa realidad, recordar experiencias pasadas, comunicarnos de forma gestual y verbal, realizar movimientos, etc. Las funciones mentales superiores que nos describe la neurociencia son: la conciencia (conocimiento de uno mismo y de lo que nos rodea), la atención (capacidad de focalizar el conocimiento); las gnosias (capacidad de convertir las experiencias en conocimiento); las praxias (capacidad de realizar movimientos simples o complejos ante un estímulo), la memoria (la capacidad de recoger la información, codificarla, procesarla almacenarla y recuperar en el momento adecuado); el lenguaje y las funciones ejecutivas que son las que nos permiten realizar comportamientos eficaces creativos y adecuados a lo que se espera socialmente de nosotros.
Tenemos la obligación como docentes, de entender y conocer por qué un alumno que se encuentra en una edad en la que es normal ser capaz de poner en marcha todo el engranaje cognitivo que supone un razonamiento lógico, no lo hace. Tenemos que conocer nuestro órgano de aprendizaje y ayudar a resolver los problemas neurofuncionales que afectan a nuestros alumnos en todas las etapas del sistema educativo.
La colaboración entre neurociencia y educación ha de ser estrecha y en constante comunicación, hay que establecer una línea bidireccional.