‘Anoxia’, la última novela de Miguel Ángel Hernández protagonizará hoy los ‘Martes Literarios’: “El título tiene que ver con la crisis ecológica del Mar Menor”

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Santander, 29 de agosto de 2023-. Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977) escritor, profesor titular en el departamento de Historia del Arte y subdirector del Centro de Estudios Visuales de la Universidad de Murcia (VISUM), ha atendido hoy a los medios de comunicación en el Palacio de la Magdalena, antes de protagonizar esta tarde, a las 19:00 horas —en el aula Riancho— una nueva entrega de los ‘Martes Literarios’, organizados dentro del marco de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en colaboración con El Diario Montañés.

La fotografía de difuntos

Hernández, escritor de cuentos, diarios, novelas y ensayos, presentará esta tarde su última novela ‘Anoxia’ —término que en medicina define la casi total falta de oxígeno— “protagonizada por una mujer, Dolores, que es una fotógrafa viuda, de 60 años, de un pueblecito del Mar Menor, en Murcia, que regenta un estudio de fotografía que está casi desapareciendo y que recibe un encargo de un anciano misterioso, que es realizar el retrato de un difunto”, ha explicado Hernández.

El autor ha comentado que es una novela sobre la fotografía post mortem desde tres enfoques: “Primero, como tema central, ya que es un tema que me interesaba desde que vi la película ‘Los Otros’, de Alejandro Amenábar, donde vi por primera vez una fotografía de difuntos”. Tras este primer contacto, ha afirmado el escritor, quedó en él la impresión de que fotografiar a los difuntos era algo “morboso”, pero “tras investigar” le acabó pareciendo algo natural “al final, hacer una última foto es como generar una especie de última reliquia de aquellos que ya no están. Esas fotos hacían bien a quienes las veían, a quienes las guardaban”, ha argumentado el autor. “Y hacen bien, hoy todavía. Esas fotos han vuelto a circular desde la pandemia, cuando mucha gente no ha podido ver enterrar o morir a sus familiares. Hay varios ensayos donde se habla de esa necesidad de la imagen para hacernos cargo de algo que es inimaginable, perder a quienes más queremos. Ese es el tema que atraviesa toda la novela”, ha profundizado Miguel Ángel Hernández.

La segunda perspectiva de la fotografía de difuntos en la novela parte de la necesidad de la propia protagonista de superar la muerte de su marido: “Poco a poco, Dolores va saliendo de esa falta de respiración, de esa anoxia, y vuelve a respirar, como metáfora de volver a vivir, gracias a las fotografías de los demás”, ha contado el autor.

La crisis ecológica del Mar Menor

La tercera y última vertiente de la fotografía post mortem que alberga la novela tiene que ver con el entorno de la misma y su crisis ecológica: “Toda fotografía que se realiza del desastre de las DANAS, de 2019, o del desastre de los episodios de anoxia del Mar Menor, en realidad es una fotografía de duelo”, ha comentado Hernández, que explica que las fotografías que realiza la protagonista “de ese Mar Menor son fotografías, también, de algo querido que ha muerto”. La novela acaba en febrero de 2020, justo antes de que comience la pandemia, y “tiene la idea de que el mundo conocido, eso que queremos, está a punto de cambiar y como no hagamos algo, no vamos a poder sobreponernos a esos cambios”, ha remarcado el autor.

Según Hernández, “el título de la novela tiene que ver con los episodios constantes de anoxia que se producen en el Mar Menor”. “Las constantes filtraciones de nitratos de la agricultura extensiva en el mar han hecho que las microalgas del fondo hayan ido creciendo y consumiendo oxígeno, haciendo que los peces tengan que subir a la superficie a buscar oxígeno y ahí mueran y sean arrastrados a la orilla”, ha explicado el escritor murciano sobre la crisis ecológica que vive su tierra en esa zona. Preguntado por una posible solución a este problema ha afirmado que no hay nada a corto plazo, ya que “es muy difícil volver a lo anterior sin cambiar un sistema de agricultura, sin revertir también un sistema de explotación turística, que ha ido también minando los recursos del Mar Menor”.

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